… según declaró hace semanas Harry de Windsor cuando afirmó haber liquidado a varios talibanes en Afganistán, argumentando que eliminando una vida salvaba otras, y añadiendo además que si hay alguien tratando de hacer algo malo en contra de los nuestros, entonces los ponemos fuera de juego. Es un placer para mí porque soy una de esas personas a las que le gusta jugar a la PlayStation y a la XBox; o sea que con mis pulgares quiero pensar que soy probablemente bastante útil. Muy duro para este chico envuelto en situaciones violentas, no estar muy seguro de quien es su verdadero padre o de si su madre falleció en un accidente o por una conspiración orquestada desde su propia familia. Todo esto es como para salir disparando.

Pero ¿de qué manera puede salir disparando un príncipe? Quizás desde un helicóptero Apache; por cierto el nombre de una tribu exterminada por los blancos.

Desde ese helicóptero, en medio del ruido y las distancias, nadie que dispare aquellas sofisticadas armas que se prueban matando humanos de países pobres invadidos por super potencias, verá sangre u oirá gritos de dolor. Todo se reducirá a un simple juego de PlayStation. Así que tal y ban las cosas en el mundo, poca lucha cuerpo a cuerpo quedará. Unos cuantos golpes o magulladuras en la calle de policías e indignados. Algún asalto o robo producto de la crisis o de las mafias varias que se reparten los restos del banquete impago de pseudo ricos (cubiertos, descubiertos, manteles y sobras de comida; bancos, Bancos y banquetes).

Pero su alteza no conoce de bajezas. Él viaja en helicóptero provisto de armas galácticas. Y allá abajo, en la Tierra, y en la tierra, algún joven seguramente equivocado y fanatizado creyendo defender causas no perdidas, muere ametrallado por un principito de 28 años que juega a la PlayStation. Mas el negocio continúa y los 100 capitales más ricos del mundo tienen 4 veces la cantidad necesaria para acabar con todo el hambre del planeta. Y la corona española se ajusta el cinturón y elimina 27 coches de los más de 80 de su parque automotriz. Yo, que he sido ya coronado dos veces (por mi dentista), y a la luz de las actuales democracias, creo ser algo monárquico. Me encantan los castillos, los palacios, los grandes jardines y parques, los coches con estirpe y las personas de gustos no plebeyos, aunque una vez una señora me dijo que mi música venía de las pléyades. ¡Qué lejos, señora!, le respondí.

¡Saludos desde muy cerca de la playa!, donde pronto daré una charla. Playa, plebe, pléyades… (PlayStation); me gusta la idea.