Cambiar de prefijo es todo un acontecimiento. Comienza otra década.

¿Quién iba a decirme que cumpliría 60 años en este pueblito de Paraguay, con mis 3 hijos y en una situación tan incómoda y vulnerable?

Graciela Canovi me organiza una fiesta con amigos y Claire participa ayudando de una manera impensable un año atrás. Mi hija mayor ha crecido en estatura y en madurez. Estoy orgulloso de ella.

Cada día se escribe e intercambia emails con mi amiga y ex cuidadora suya en 2008, Nieve Andrea, que acaba de regresar a Inglaterra tras un año en Costa Rica. Andrea es escritora y traductora. Se ha hecho muy amiga de Claire y el intercambio de videos e información entre ella es super positivo.

En cambio Sara, la madre de mis hijos, logramos que responda un día a un chat, después de 3 horas insistiendo y finalmente acaba chateando por escrito con la psicóloga Canovi, que le pregunta que ¿por qué no viaja para arreglar esta situación? a lo que Sara le responde que «las autoridades me lo prohíben».

Disparatada excusa, ¿verdad?

«¿Qué autoridades?», le pregunta Graciela Canovi. Obviamente no hubo respuesta.

Toda una manipulación y estrategia legal entre ella y su abogada para quedar yo como un «secuestrador parental» mientras la madre vive probablemente, me comenta la psicóloga, su temporada de «dolce vita» con su nuevo compañero en tanto se me denuncia y acorrala sin posibilidad yo de viajar ni de regresar en estas condiciones. A la vez, todas las pagas para la madre, la ley de su lado y el inicio de una campaña mediática tendenciosa para desprestigiar mi nombre, utilizando fotos de mis hijos que yo le envié a la madre y que ella decide publicar en la ONG Missing Children como si yo me negara a que estuvieran con la madre en términos pacíficos al destrabarse toda esa situación de bloqueo.

¿Mis hijos en Missing Children? ¿No será la madre la «missing»? A ella la llamamos y le escribimos más de 15 personas, e intentamos comunicarnos con su persona varias veces por semana. No nos responde: «las autoridades no me dejan», afirma. «Argentina es un país muy peligroso», subraya. Y en Francia ¿no hay atentados ni pasa nada? Pues si tan peligroso es donde estoy yo con mis hijos, como madre debería viajar inmediatamente en lugar de salvar su pellejo y dejar a sus hijos en manos de un padre que los saca de un lugar tan seguro como aquel apartamento en Perpignan para llevarlos a una ciudad tan terrible como Buenos Aires.

Y para colmo de males me entero que una parte de los anuncios de menores desaparecidos que publica Missing Children, no se verifican, como en mi caso, y que dicha ONG no trabaja conjuntamente entre cada país sino por separado. Es decir, ¿cómo van a buscar o a encontrar desde Francia a unos menores si no tienen contacto con la Missing Children de Argentina? Escucho hablar por radio (de manera casual, si es que la casualidad existe) a la directora de esta ONG en Argentina, y después de esto pienso que debo prepararme para una larga temporada sin que mis hijos puedan volver con su madre ni yo regresar a Europa.

Aquí se ha orquestado una trampa aprovechando las leyes europeas de protección a la mujer, para dejarme a mí como un padre de aquellos que se escapa con sus hijos a, por ejemplo, Jordania, y la pobre madre abnegada diciendo que no puede comunicarse con nosotros.

Es penoso que alguien a quien uno ha querido y amado hasta el punto de tener 3 hijos con esa persona, se transforme en tu peor enemigo por tanta mediocridad disfrazada de abnegación.

Pero, como me decía mi hermano, cuando en la manada el león se hace viejo, viene uno más joven y lo echa. «El viejo siempre pierde», me explicaba él, que es psicólogo y que trabajó con el prestigioso psiquiatra Hugo Marietán, quien al atenderme me dijo que este ataque hacia mí (sea de la madre u orquestado por su abogada) es completamente psicopático, y que el o la psicópata sabe esperar y no tiene empatía aunque sí simpatía y seducción.

El doctor Marietán me obsequia con uno de sus libros y me predice momentos muy duros. Nieve Andrea, a su vez, me envía links de videos en Youtube del psicólogo Iñaki Piñel, quien también diserta sobre l@s psicópatas.

¡Vaya panorama me espera y nos espera a estos 4 Cazenave!

¡Qué triste que una mujer haya caído en semejante manipulación mientras me llama manipulador a mí!

¡Socorro! ¡Help! No deseo ningún enfrentamiento ni conflicto. Sólo diálogo, paz, armonía y lo mejor para mis hijos, para su madre y para su padre.