VÓRTICES (supraconciencia y entradas hacia otros planos de existencia)

Se dice que los vórtices son puertas hacia canales de vibraciones visibles o invisibles, que se manifiestan en distintos niveles de existencia, en este universo, en otros planos de conciencia, e incluso más allá de la conciencia que materializó lo creado.
Jung habló de una conciencia que estaba más allá de la Creación, y que a esa conciencia, en ocasiones, acudíamos de manera imperceptible, de un modo no razonado.
Él la denominó ‘la supraconciencia’.
En los años 70s, siendo muy joven, me fascinó todo esto, ya que intuía (y supongo que todos lo hacemos) que la vida no era sólo en el universo y que la muerte no existe, sino un nacimiento a otra vida.
Y hace unos 40 años me puse a investigar esto con el musicoterapeuta y antropólogo Fernando Salazar. Él había fundado un instituto de biomúsica en Buenos Aires, en 1975, y 10 años más tarde, otro en Tenerife (Canarias) y luego en Barcelona (frente a El Corte Inglés de la Plaza Catalunya), del cual fui director durante 17 años.
Juntos hicimos talleres y grabaciones de biomúsica, musicoembriología, metamúsica y alguna experiencia que consideramos que podría llegar a ser nuestro pequeño aporte hacia la supraconciencia de Jung.
Pero yo sentía que necesitaba más. Había estado estudiando la ‘música de las esferas’ (astrosonía) en la biblioteca del British Museum, durante aquellos años viviendo en Londres y encontré información importante a través de Michael Heleus, en Estados Unidos, y Eloy Dumón, en Buenos Aires, además de mi entonces esposa, que era una estudiosa de la astronomía y profesional de la astrología seria.
Luego descubrí lo de las antenas y las ondas metálicas en las frecuencias UHF superando los 300 Mhz.
Todos esos radiómetros que podían ser abridores hacia otros universos, hacia otra conciencia que formaría parte de un solo cuerpo, en el que se halla todo lo que existe, todo lo que palpita.
El ‘raw space’ que está aquí pero con sus partículas infinitas e imposibles de precisar en su totalidad.
Así que empecé a intuir de que no se trataba de que hubieran otros radares. ¡Nosotros éramos/somos rádares en potencia!
Emisores de conciencia, materializados en cuerpos.
Una vez en Cambridge, en 1989, tras fallar mi aproximación a Syd Barrett (fundador de Pink Floyd), y con mi ‘vieja’ esperándome en una cafetería, me acerqué a la universidad y allí estaba Hawking ofreciendo una conferencia a cientos de estudiantes, hablando de esto y las antenas de Holmdel, haciendo mención a Edwin Hubble y a la creación del universo.
La vida era para mí cada vez más, ese vaivén, esa danza cuántica que expresó Wolfang Pauli.
Cuando hacía mis giras por los EEUU, busqué y rebusqué científicos que me ayudaran a entender estas posibilidades; Nick Herbert, Sean-Paul Sarag, ingenieros y astronautas de la NASA.
Una vez en Houston me olvidé de que tenía un concierto al día siguiente en un campus universitario de Arizona, porque me quedé charlando con dos astronautas. Uno de ellos tuvo experiencias absolutamente iniciáticas.
Las mías eran otra cosa y eso ya no me interesaba ni comentarlo ahí.
Sin embargo, en medio de esto, conocí a Timothy Leary, en un congreso en el que coincidimos frente al Madison Square Garden, en donde había una final de basket llena de gente cuando nosotros éramos ciento y pico de personas en aquel hotel hablando y compartiendo datos y algo de música. También estaban allí el músico Steven Halpern, que siempre admiré y con el que grabé un disco al año siguiente, la profesora de yoga y amiga argentina, Nori Rao, y nativos de dos tribus de Colorado y New Mexico. Y mi amigo, el matemático cubano Manuel Figueroa, que había sido becado 5 años en la Academia de Ciencias de Moscú, y que me enseñó cantidad de cosas con mucha paciencia debido a mi nivel de principiante.
En 1993 Manuel ya tenía una compu portátil (nunca había visto yo antes una) y conectaba a través de internet con Stephen Hawking, que recuerdo que estaba en Malasia. Aquel fue el primer chat de mi vida. Nunca lo olvidaré.
Cuando grabé mi disco Ser, pensé en tener un sonido que evocara aquellos estallidos de conciencia en el cerebro. Y lo puse de base para ‘Vórtices’.
Se calcula que por la Tierra ya pasaron más de 80 mil millones de personas. Unas 72 mil millones de ellas están actualmente existiendo, ya sin sus cuerpos, sin sus nombres y apellidos, sin nada de lo que esta tridimensionalidad nos ofrece por una breve temporada, en la que, por algún motivo, estamos aprendiendo y enseñando a la vez lo que en el colegio no nos explican.
Por eso pienso incluir todo lo que averigüé, todo lo que aprendí (aunque fuese a medias), en la próxima edición de mi libro El Sonido del Universo, aunque quizás no interese a muchos, escrito por mí. ¿Qué sabe, en realidad, este músico? Muy poco.
Mientras tanto, la vibración, el sonido, el movimiento y la energía continúan.
¡Y los vórtices también!, …esperándonos para seguir completando los ciclos del existir.
Link video: https://www.youtube.com/watch?v=ggBTu-kaZ6s&list=RDggBTu-kaZ6s&start_radio=1
Picture of Guillermo Cazenave

Guillermo Cazenave

Compositor, Productor, Escritor & Conferenciante

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