Y nuevamente, este mes, me veo en la necesidad de hablar sobre Toulouse, aunque esta vez no sean temas tan Gardelianos como el de mi anterior entrega, sino más bien Abrahamianos, ya que de Abraham dicen 3 religiones proceder, constituyendo así una trilogía todas (o Trinidad) de despropósitos pugnando por la «verdad universal», el poder de Occidente y, si les fuese posible, también de los recursos planetarios que hace tiempo que deberían estar mucho mejor distribuidos para que, mientras tenemos que soportar a este trifásico monoteísta, al menos en el resto del mundo no hayan otros pasando hambre y desprotección.
En efecto, Toulouse padeció en una de sus escuelas religiosas pertenecientes al credo judaísta, el ataque de un joven que disparó indiscriminadamente (o discriminada – mente) a padres y niños que acudían a clase, matando a algunos e hiriendo a otros.
Días antes, un ataque similar acabó con la vida de tres militares; algunos de ellos de origen árabe.
¿Por qué entonces me refiero a estas aparentemente benditas religiones monoteístas que afirman descender (nunca mejor dicho) del profeta Abraham?
Porque una vez leí que «Abraham» era simplemente «Brahma» al revés, dios creador del universo para el hinduismo y, a su vez, miembro de una tríada sagrada anterior a la occidental y que después incluyó a numerosas deidades y luego a profetas, místicos, religiones no dogmáticas, simbolismos, sadhus anónimos, conceptos para comprender mejor el universo o la Creación, rituales de paz y de amor, ciencias y filosofías de una profundidad incomparables, artes y actitudes de vida como el vegetarianismo, el veganismo, el no matar ni hacer daño a todo lo que tuviese vida, la meditación, el yoga, la música que mejor nos conecta con el cosmos y otras realidades vivenciales como el karma, etc.
Por ello no hay comparación ni color entre aquellos milenarios Brahmánicos que saben sonreir y estos novatos Abrahámicos que basan sus estructuras en lo monoteísta, en la división y parcelación de las cosas, en la culpabilización extrema y en la manipuación de sus gentes, confundiendo la palabra religión con dogma y la palabra creencia con espiritualidad.
A quienes nos haya tocado en suerte alguna de estas 3 «religiones» monoteístas cerca (cat eol y cismo -o cristianismo-, judas ísmo y musul man o woman istmo) tenemos como opción varias formas de rituales masocas:
1.- de rodillas en un banco de madera, saliendo en primavera con las procesiones cargando vírgenes o auto-flagelándonos, etc.
2.-  ayunando forzadamente en el Ramadán y arrodillándonos en dirección a la Meca, etc.
3.- dándonos golpes en la «frente frente» al muro de los lamentos y sintiéndonos víctimas y perseguidos por los siglos de las siglas amén, amen y awomen.
«Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa», decía en misa un sacerdote.
Hace un mes, en Radio Nacional de España, a las 8.30 de la mañana, retransmitiéndose una misa católica en directo del Cuarto Domingo de Cuaresma, repetían los feligreses la siguiente frase: «que se me pegue la lengua al paladar si me olvidara de ti, Señor».
Tal como acabo de transcribirlo esto sonaba en una radio de un país Occidental el día 18 de marzo del año 2012 (dos mil doce claro, según este calendario que empieza un año cero con el nacimiento del pretendido hijo de ese dios que todos disputan, pero que -y ya que cito eso de dis-putar- se enamoró de una mujer que la Iglesia formada a la luz de uno de sus discípulos más machistas y soberbios, no dudó en perseguir, descalificarla como prostituta y obligarla a huir -probablemente embarazada- «para parir en el país de París» -París = para Isis-, ya que religiones dirigidas por mujeres o con sacerdotisas no estaba contemplado en los futuros vat y cans).
Y como la Magdala se instaló precisamente en estas tierras y en la aldea de mis ancestros se formó la primera comunidad cristiana (cristiana de verdad) con los descendientes de su hija Sara, y ahora observo con resignación cómo las calles de los países por los que pasaron y pasan estas 3 religiones monoteístas, se llenan de violencia, sus pueblos de culto al becerro de oro, donde quien más tiene o mejor triunfa es quien vale, y sus «man – data – arios» explotando todas esas estructuras inoculadas tras siglos de historia y manipulación, no se me ocurre pensar otra cosa que los días de esta farsa están contados y cantados, y que la caída de cristianitos & Company no es ni será muy agradable entre tanta soberbia, miedos y confusión.
Y demás está decir que si nuestros últimos 70 años de presencia judía en los estamentos culturales, dieron catapulta de salida a gente como Elvis Aaron Presley, a The Beatles con Brian Epstein detrás, a tocar las nuevas generaciones masivamente guitarras elctricas con plectrum o teclados alejados del piano, riendiéndole culto a Dylans, Waits, Reeds y demás afónicos e incapaces de componer muchas líneas de música mínimamente coherentes, con Roger Waters llenando 9 veces el estadio de River y haciendo propaganda anti-nazi a través de aquellos martillos desfilando, que en su letra, para The Wall, denomina «gusanos», y ni qué decir de la industria cinematográfica, editoriales, industria farmacéutica, Bolsa y Banca, la informática con Gates, Jobs y el nuevo millonario Zuckerberg con su Facebook fichándonos magistralmente a todos mientras a diario millones de personas le hacen el trabajo sucio a las centrales de investigación e información, narrando hasta el último pedo que se tiran, etc., etc., no por ello voy ahora a adscribirme a otros fueros fuera de los «míos».
Por eso y sin embargo (sin embargo quiere decir «sin embargar»), y aunque la pena me embarga, no deseara ahora vivir en una aldea o choza sin agua ni electricidad.
Una vez paladeado el aspecto extraterrestre de lo judío; ese contacto con la maquinidad que, alejándonos de la humanidad, nos lleva hacia un Mátrix de difícil retorno, dado que es como una droga, nadie o muy pocos (ni los propios hijos de árabes y musulmanes que habitan en Toulouse, París, Marsella o Perpignan) desean volver a los orígenes.
Así que uno al final ama-odia aquello que le pertenece, incluso a sabiendas que se trata de una cultura falsa. Y terminamos todos escuchando a Elvis, a los protegidos de Epstein, a Waters, a Jagger, a Zimmermann y a Reed. ¿Y de Beethoven & Company qué? ¿alguien se acuerda? Por suerte sí. Yo seguro.
Aquellos orígenes en el Tigris y Eufrates saqueados por las hordas del país que mejor representa en Occidente lo Abrahámico, porque la estrategia será mañana tener (como ya los hay en Estados Unidos) 8 pueblos y ciudades llamados Barcelona y otros tantos Madrides, uno de los cuales conocí hace año en camino hacia Santa Fe (New Mexico), no deberían jamás ser olvidados.
Ya empezamos a darnos cuenta de que en la virtualidad todo es y será «new», todo se reseteará cada dos años. Nadie recordará nada.
Si Europa cayera en otra guerra para salir de sus periódicas crisis y, por ejemplo, sus capitales desaparecieran, el abuelo de los States podrá decirle a su nieto: «no, Madrid está en New Mexico. ¿El Eufrates? No, eso es una leyenda».
Y mientras, en nuestra calles, matándonos por lo que se llaman «creencias», por que no embarguen a un hiper-hipotecado por las trampas de Caperucita Banca y el Lobo, y por un trozo del American Pie, bye bye!
Y las 3 mono y teístas; las 3 del monocultivo, las 3 del monopolio, las 3 simias ex simias y nada eximias, no piensan eximirnos de ese fraude de culpas inexistentes y de ese Dios probablemente inexistente tal como ellos lo proclaman y describen, porque dioses claro que hay y que somos todos, creando cada día mil cosas; desde hijos hasta el propio arte y nuestras ideas cotidianas, la alquimia de la cocina, las fantasías, nuestros mejores pensamientos.
Todo, todo es creación y Creación. En cada orgasmo creamos miles de universos paralelos. Trillones de creaciones que generarán vidas en múltiples formas, planos y dimensiones inacabables e inabarcables por ningún barco de Cristobalitos al servicio de coronas de cuarta o de dioses de templos cuyas piedras huelen a la humedad de lo más rancio que quiso condenarnos al ostracismo y al engaño de rebajarnos a la simple categoría de criaturas incapaces de crear.
Así que, y como resumen del Ser que es también Dios, no apoyemos más estas causas de violencia basadas en falsas creencias que nos dividen. Seamos Bio-lentos. Conectemos con la vida, con lo bio, con la naturaleza, con la Creación, con el Dios que hay dentro nuestro y con los dioses de todos los universos que comparten ese sinfín de energías en expansión bio-lenta. Bio porque es vida y fuente de salud, y lenta porque aunque pueda transitar a millones de partículas de nuestros limitados segundos tridimensionales, siempre se toma su tiempo para pensar, para meditar qué es y qué hace. Algo, esto último, que quién cree sin pensar y mata (también y obviamente sin pensar) jamás hace.
Por eso termino esto hoy con una frase de José Ortega y Gasset: «dejé de creer cuando empecé a pensar».