El Palacio Miramar, donde tuvo lugar el Foro

Hacía 6 años que no iba por allí. El Palacio Miramar, frente a la Playa de la Concha (palabra esta última en mi argentina natal equivalente a «coño», y antaño residencia veraniega del rey Alfonso XIII, con quien mi bisabuelo materno tuviera una relación de estrecha amistad y colaboración, fue una vez más escenario para estos Foros y Salones de Esoterismo y «Ciencias Espirituales» organizados con acierto en la ciudad vasca y en la estación de Atocha de Madrid un par de veces al año desde hace ya más de 15 años, por dos emprendedoras señoras llamadas Sandra González y Catalina Madaria, a quienes conocí en Madrid en 1991 y a quienes les tengo afecto y respeto por su forma de hacer las cosas.

Diez días ininterrumpidos en el que conferencias, consultas y stands le daban colorido al Salón, visitado por miles de personas interesadas en estos temas.

El 4 de agosto di una charla titulada «La Música en la Euforia y la Depresión» con buena asistencia de público y un coloquio que se extendió más de lo previsto y que me sorprendió por las inquietudes y comentarios de los asistentes a mi charla. Como ya me sucediera en más de una oportunidad, casi preferiría sentarme entre la gente para evitar así el hecho de subirme a un estrado, como si fuese alguien que sabe «más que los demás», valga la ‘redun’.

En el stand esta vez no estuvieron Ferrán o Sara sino, y como debutante, Andrea Sádaba, que tiene intención de colaborar en este quilombo llamado «Astral» y que escribe libros desde muy joven, como «El Club de las 7 Gatas» (‘Umbriel’), la novela «Oriol» (próxima a publicarse en ‘Mandala Ediciones’) y el aún inédito «El Retorno de Lennon».

Pude reencontrarme con personas de otras épocas a quienes apenas recordaba. También estuve en Onda Cero, en una entrevista que me hizo Eduardo Yañez  para su programa ‘Déjame que te Cuente’ y que se escuchó en toda España, según me dijeron después varias personas. Yañez es un periodista que se documentó sobre todo lo que hablamos, de una manera sorprendente, y, además, tiene una voz de primer nivel.
Pero lo que causó más revuelo fueron unas declaraciones que hice a la Agencia EFE respecto a la posibilidad de utilizar la música ‘homeopáticamente’; es decir sin anteponerla a nuestros estados. Si uno está triste, escuchar música melancólica y no al revés, y viceversa.
Periódicos y radios de cantidad de países americanos se hicieron eco de esto de una manera inusitada, ya que no me pareció tan trascendente eso que dije sino, más bien, casi elemental.

También presenté, en parte, mi disco «Ser», recién editado, y firmar varios ejemplares. En fin…, un poco del show habitual aunque siempre agradecido a quienes apoyan y aman todo esto.

Un buen Salón o Foro para compartir durante diez días de agosto temas afines a la eterna búsqueda interior de ese ser que quiere Ser pero que no puede ser, porque… ¡esto de Ser no puede ser!