A veces es necesario encomendarse a algún Santo

A una persona muy cercana a mí le sucedió lo siguiente…

Tiene una pequeña productora y sello musical a través del que manufacturaba (hasta hace no mucho) CDs.

Fabricaba con la multinacional Pioneer, que un día dejó Cataluña y pasó a ser una empresa con otro nombre, dueños, etc.

El director comercial parecía ser el mismo y le llamaba cada tanto para efectuarle nuevas ofertas que mi amigo rechazaba por los sucesivos errores de fabricación y cambios constantes en los precios, plazos de entrega, etc. Durante siguientes meses, cada vez que mi amigo recibía una llamada de dicho señor, éste le manifestaba hallarse en otra empresa parecida con ex trabajadores de la anterior, etc, etc.

Una vez decidió arriesgarse y responder con un «sí», aprovechando una campaña de Navidad en la que anunciarían su música para un importante catálogo de Madrid.
Pero cual sería la sorpresa que, a dos días de la inminente entrega del producto, el mismo representante comercial de siempre le comunica a mi amigo que no puede mantenerle el precio convenido y que dicho precio subiría casi en un 50 por ciento.

Mi amigo, además del disgusto, perdió su campaña de Navidad, al cliente que siempre le vendía su material para esas fechas, teniendo que encargar la fabricación de sus CDs en otra empresa y a un precio superior, etc., etc.

Sus pérdidas rebasaban los 10 mil euros sin contar los demás perjuicios, anulación de pedidos, estrés, gastos en llamadas, viajes, discusiones, retrasos en entregas, etc.

Al cabo de 3 meses de aquel incidente, mi amigo, soprprendentemente, recibió una nueva llamada de aquel representante diciéndole, por cuarta vez, que estaba en una nueva empresa y que ahora sí las cosas saldrían bien. A su vez, el hombre le dijo que había tenido un infarto tras el último problema en su anterior empresa manufacturadora, ya que fueron más de 60 los clientes que se le echaron encima cuando les comunicó la subida de precios a pocos días de la entrega del material, sin respetarles el precio previamente acordado.

Mi amigo me confesó que pensó en encargarle más CDs, pero, y sin decirle en esa ocasión nada a dicho representante comercial, recogerlos para después esperar a venderlos hasta recuperarse de todas pérdidas acaecidas en las pasadas navidades y luego sí pagarle una vez asegurada dicha recuperación económica.

Sin embargo, mi amigo envió por escrito su pedido a la nueva empresa pero con la decidida intención de no abonarles nada en los tiempos previstos de un máximo de 90 días de plazo, a no ser que hubiese él vendido y cobrado todo lo anteriormente perdido en las pasadas navidades.

Al no cumplirse dichos plazos ni responder a las llamadas de la empresa, y coincidiendo con un nuevo infarto y fallecimiento del malogrado representante, mi amigo, sin poder llevar a cabo su plan de ir vendiendo lo antes posible sus nuevos CDs fabricados y entregados, fue entonces denunciado por estafa por el propio dueño de la empresa.

Se le confiscó el material y tuvo que presentarse a declarar ante un juez que, según me contó, le tomó declaración siempre bajo presunciones de culpabilidad.

Y para colmo de problemas, en el juzgado tomaron mal su dirección y al enviarle una siguiente citación para confirmarle la ratificación de la denuncia penal en contra de su persona, ésta fue devuelta y dicho juzgado ordenó una averiguación de domicilio de mi amigo, que ya no sabía que hacer ni para qué lado tirar.

Pudo por fin hablar con el dueño de la empresa y, tras explicarle la rocambolesca situación que viviera a través de su difunto representante, acordó pagarle la fabricación de los CDs en 3 plazos.  El director de esa empresa le aseguró que si le firmaba un documento por el que se haría cargo del pago de dichos compacts, retiraría inmediatamente la acusación particular en contra suya.
Mi amigo entonces firmó dicho documento y, a su vez, empezó a fabricar con la empresa algunas novedades de su sello sin saber queel retiro de la acusación en su contra no se había llevado a cabo por motivos legales-burocráticos.

Sin embargo la sintonía que tuvo con el dueño de esta empresa fue tal, que ambos trabajaron juntos fabricando y hasta realizando algunos proyectos conjuntos que le proporcionaron ingresos a su maltrecha economía.

Meses más tarde mi amigo se entera de que hay una averiguación de domicilio puesta por el juzgado en el que tomara declaración, y que pudiera ser detenido, que el dueño de la empresa no pudo, como explicaba en el anterior párrafo, retirar la acusación particular, y que habiendo pagado todos los CDs, será citado para un inminente juicio en un juzgado de lo penal en Barcelona ante un fiscal que pedía 18 meses de prisión por «delito de estafa».

En un estado de shock y depresión, habiéndosele otorgado un abogado de oficio, designado por el Colegio de Abogados, que, para aumentar sus problemas, le reclamó posteriormente dos mil euros por unos servicios que creyó serían gratuitos, mi amigo fue absuelto en el juicio, aunque al leer yo la sentencia días más tarde comprobé que decía que no había constancia de que él «hubiese devuelto ni pagado los CDs».
Y yo me preguntaba absorto, ¿cómo devolver algo que ya pagó y que es suyo?

¡Qué de confusiones y qué de injusticias, aunque finalmente, por suerte, se hiciera justicia!