Si hay algo que nos enseñaron las culturas originarias de la Tierra (llamadas «nativos» o también «indios» por aquello de ‘las Indias’) es que el Sol, lo expuesto a él y los elementos naturales y ligeros del planeta, proveen la energía que necesitamos para vivir y permitirnos abrigo o sustento general.

A ninguna de estas tribus se le ocurrió expoliar las entrañas de GAIA para succionarle la sangre, o acudir a metales densos y pesados para lograr sus combustibles o fomentar un uso inadecuado de dichos metales, como el plomo, acero, oro, etc. Sólo algo muy ajeno a la Tierra (por no decir «extraterrestre») o deshumanizado podría ser capaz de idear disparates tan destructivos, contaminantes y brutales como, por ejemplo, la explotación del petróleo como medio para obtención del combustible.

Los indios («in» quiere decir «en» y «dios» ya lo sabemos) dijeron que cuando «hombre blanco» se atreviera a manejar las energías de Dios, llegaría, por ley natural o artificial, el final de su civil – ización.

Por eso, los que de verdad estaban «en Dios», con la Tierra, con el agua, con los animales y con la naturaleza fueron exterminados por los falsos enviados de otro dios que ni baja, ni vuelve, ni rescata y que sólo castiga a sus súbditos repartiendo ostias a diestra y, sobre todo, a «siniestra».

Y jugar con la energía del Sol, con la energía nuclear, que nuclea el origen de todo un sistema planetario, y llamarle a una empresa «Repsol», es un desafío a las leyes cósmicas. Decir en su publicidad que «nosotros construimos tu futuro» es ser un «dios oscuro», ya que si hay algo que debemos cultivar (cuando nos dejan) eso debe ser nuestra libertad.

¡Ni los dioses de verdad diseñan nuestro futuro! Ellos crean una historia (a veces accidental o distraídamente) pero luego nos dejan evolucionar junto a la naturaleza y circunstancias que nos rodean.

¡Construimos tu futuro! (¡qué atrevimiento más descarado!).

Con esto no pretendo tomar partido en esta lucha de intereses y de actitudes, que, como en todo lo interesado, tiene poco de interesante, dado que los argumentos esgrimidos por unos y otros son eso: puro esgrima que da grima.

Y mientras el rey de España cazaba paquidermos, me vino a la memoria esta canción de Luis Alberto Spinetta, del segundo álbum de ‘Almendra’, de 1970: Los Elefantes

http://www.youtube.com/watch?v=_6_dp8y0PxE