Aprovecho el día de Reyes para visitar el Castillo de Windsor o «Windsorland». Busco y rebusco en las habitaciones pero no encuentro a la Reina, y me pregunto si «I sabe él» (me refiero al Duque) donde duerme su Majestad, en medio de semejante número y despliegue de aposentos que superan los tres mil habitáculos (con o sin perdón).

Pero no. Isabel está en Balmoral, beneficiándose de las propiedades de ese manantial proveedor de un agua terapeútica que favorece la lozanidad y la longevidad. God Save the Queen!, pues…

Eduardo Rojas Lanusse, primo de mi padre y quien le enseñara a mi progenitor a jugar al polo durante su juventud mientras estudiaba abogacía, fue varias veces invitado a este hermoso castillo.

Eduardito le vendía caballos de pura raza al Príncipe Carlos y mi padre le endilgó su vetusto Ford Falcon 1972 para que lo usara en su campo situado en la localidad de Moreno, provincia de Buenos Aires. Ambos nacieron a otra vida en septiembre del 2005 pero papá tan sólo unos días antes que su primo, quien parecía gozar de buena salud cuando lo visitó en su lecho de muerte.

Recuerdo sus fotos con Lady Di y Charles y aquellos torneos en Inglaterra, uno de los cuales lleva hoy su nombre dentro del circuito británico bajo el título de «The Eduardo Rojas Lanusse Tournament». No me gusta nada como suena esta combinación de lenguas entrelazadas por el destino, a pesar de que no hay lugar de habla no inglesa más parecido a Inglaterra que la propia Argentina. Fútbol, nacionalismo, pop, excentricidades, autocrítica, ironía, fascismo y democracia conviviendo sin mayores inconvenientes, acusadas diferencias sociales, rubgy y polo, son pasión en ambos países.

Rojas Lanusse con mi padre en 1939. Él le enseñó a mi viejo a jugar al polo.

Dejo el castillo y busco mayor solaz compensatorio en la abadía de Waverley, cerca de la Manor House de mi amigo Malcolm Stewart, donde me alojo, quien, entre otras cosas, fue concertista de guitarra, profesor de geometría en la universidad, sacerdote en Canterbury, diseñador de vitrales para la mansión londinense del Sultán de Brunei, productor de la BBC hasta que su ex esposa fuera nombrada su Jefa, y ahora conferenciante de Geometría Sagrada adonde lo inviten.

Visito la abadía cisterciense derruida por casi mil años de historia y luego regreso a la House con ganas de tocar algo de guitarra, tras haber cruzado el pueblo vecino de Godalming y el Charterhouse,  colegio centenario al que asistió mi amigo Ant con sus compañeros de Genesis.

¿Habrá salvado God a la Queen Freddy Mercury?