Con Jordi Tardà en su Tarda Tardà de CAT FM
Siempre, y nunca mejor dicho, sintonicé mejor con la radio que con la televisión.
Durante años hice programas musicales en los que mi única condición era poder radiar cualquier cosa, sin imposiciones de estilos o presiones comerciales.
Como invitado recorrí muchísimas emisoras y hasta una de ellas, Radio Nacional de España, con su Sello RTVEMúsica, publicó dos álbumes míos en 1992 y 1993, a pesar de que en aquellos tiempos quien más difundía y promocionaba aquellas músicas en Radio, Ramón Trecet, me boicoteó implacablemente. No sé si el hecho de que su mujer trabajara en otra discográfica (‘Arpa Folk’ y luego ‘Resistencia’), llevó a este hombre de la radio pública española a tomar decisiones tan subjetivas en un medio sufragado por todos los contribuyentes, y a pasar por las ondas de RNE a sus amigos de turno.
Pero, dejando de lado ese pasado nefasto para muchos músicos que, como el que ahora escribe, confiábamos en el arte y en la independencia de ciertos medios, insisto en recalcar que mi relación con la radio (incluyendo a la propia Radio 3) ha sido casi siempre algo creativo y positivo.
De unos años a esta parte, y desde mi retiro voluntario pirenaico en otrora tierras cátaras, fueron escasas las ocasiones en que acepté alguna invitación para volver a la radio.
Algunas de ellas fueron con mi amigo Jeremy Morris, con quien toqué (junto a su hija April) en Punto Radio, un par de canciones de nuestro Cd ‘Two Suns’.
También participé en Radio Galega, en M80, en RAC 1 con Darbó, en Última Fronteira (Roberto Vales) y en el excelente programa de Jordi Tardà en Cat FM, o en el ‘Diálogos con Nori’ de la radio Sueño Mágico que dirige en Miami, Frank García, con quien también hice un programa en vivo hace años, en una calurosísima noche del inexistente invierno de Florida.
Tardà es un experto periodista y locutor, stoneano como pocos, y en paralelo a mi también amigo Mariscal Romero, de Madrid. Nori Rao fue esposa de Steven Halpern y en su programa de los miércoles hay plena libertad para que los entrevistados hablen a sus anchas de temas interesantísimos.
A todos ellos les estoy y estaré siempre agradecidos. Por su calidad humana y profesional, por reservar espacios para difundir música sin que éstos tengan que ser comprados, como sucede en otras radios vendidas al mejor postor, y por amar el arte por encima de estilos y gustos personales.
Internet pisa fuerte pero la radio abierta y tradicional continúa viva y gracias a ello, no todo está perdido.
Agradezco de corazón y cerebro a todos cuantos desde un micrófono cultivan la honestidad y la libertad de pensamiento, y repudio a los despistadamente tendenciosos e interes-sados de turno.
¡Un radioso de la radio!