Con José Luis Fernández (dueño de Music World) y Jeremy Morris

Mis amigos Carmen Cuñado y José Luis Fernández son unos de los pocos supervivientes gladiadores que mantienen abierta su tienda de discos (o «disquerías», como le llamamos en Argentina) a pesar del panorama general que se cierne sobre el soporte discográfico actualmente en forma de CD.

Recuerdo al llegar por primera vez a España, en los años 70s, y haberme quedado en Sitges un par de meses antes de viajar por varios países para, finalmente, instalarme en Londres, las risas de la gente cuando mencionaba la palabra «disquería», entre muchas otras cosas.

Yo, por aquel entonces con 21 años de edad, respondía «¿Cómo le llamáis al sitio en el que se vende pan?». Una vez me respondían, seguidamente preguntaba «¿Cómo llamaríais, pues, al lugar donde se venden discos?».

En fin…, cosas de quienes algún día inventaron el castellano y olvidaron de usarlo correctamente o con creatividad y lógica…, recordando que la gran reforma del español vino de la mano de Joan Boscà i Almogáver, catalán y Señor del Castillo de Cubellas, amigo de Garcilaso de la Vega, y quien introdujera la métrica italiana al traducir «El Cortesano» de Andrés Navágero.

Así que, si los lectores ibéricos me lo permiten, llamaré «disquería» a la tienda de discos «Music World» que mis citados amigos tienen en Barcelona y en la que se encuentra todo tipo de música que José Luis busca, rebusca, prueba y hasta canta en directo para los clientes que le piden acerca de tal o cual disco e intérprete.

Allí estuve una vez con mi amigo Jeremy Morris y su hija April buscando, para esta última, música de la cantante francesa Françoise Hardy, creyendo ellos que sería prácticamente imposible encontrar su discografía en un lugar de estas características. Pero José Luis dijo que «sí» (una vez más) y sacó de su galera 7 u 8compacts de la célebre artista, ante la mirada estupefacta de mi colega de Chicago y su hija, también cantante y del grupo «Glowfriends».

Cada vez que me encuentro o reencuentro con algún amigo o conocido en Barcelona, si disponemos de media hora, intento llevarlo a Music World, que (me quedaba sin decirlo) está situada en la calle Roselló haciendo esquina con Enric Granados, el, para mí «Schumann catalán», que creara a comienzos del siglo XX la «Sociedad para Conciertos Clásicos» y que muriera ahogado tras el ataque de un barco alemán en la Primera Guerra Mundial al buque británico en el que viajaba, dejándonos como obra maestra su «Goyescas» y su brillante calidad como pianista y compositor.

Granados estaba a salvo ya en su bote salvavidas pero al ver a su esposa ahogándose entre las olas, saltó a la mar y ambos murieron aquella tarde siniestra para la historia de la música clásica española, como siniestra fuera también esa estúpida guerra (y todas las demás que la precedieron o siguieron) para la historia de la humanidad en general.

Así comparo, salvando distancias, esta lucha titánica de mis amigos José Luis Fernández y su mujer Carmen, para no perecer ahogados en el hundimiento de la industria musical, y haciendo de «Music World» la que seguramente sea mejor disquería de Barcelona.

¡Larga vida a la buena música y a los que luchan por el arte con pasión sin huir en el primer bote que encuentran en el camino!

¡Y larga vida a todos los Espartacos que no se amedrentan ante nada ni nadie!