En principio se supone que hay que dejar de contaminar, pero ¿por dónde empezamos?

¿Dejamos de contaminar con semejante despliegue tecnológico?

¿Dejamos de contaminar buscando soluciones a través del dinero y suculentas recaudaciones que después la Madre Tierra sabrá quién, dónde y cómo las distribuye?

¿Dejamos de contaminar promocionando a músicos que no pueden subirse a un escenario si no es con 700 mil equipamientos electro-cibernéticos contaminantes detrás y delante suyo?

¿Dejamos de contaminar organizando un concierto anti-contaminación, entre otros sitios,… ¡en la Antártida!?

¿Dejamos de contaminar auspiciando más y más retransmisiones a través de una tecnología cada vez más alejada de lo natural?

Yo entonces me pregunto, ¿quiénes somos los occidentales para siquiera opinar o dar la cara en un tema tan delicado?

¿Cómo podemos llegar a semejante desfachatez?

Toda esta música con ritmos cuadrados, siguiendo las pautas del «¡un dos un dos!» de los antiguos imperios y las conquistas previos a grandes invasiones y masacres, cuadriculándolo todo; hasta las mentes de esos jóvenes o no jóvenes hacinados en el rebaño de la ensordecedora escucha de burdos «des-conciertos» disfrazados de arte y supuestas actitudes caritativas.

Y yo no sé si estos «algo-ritmos» serán acaso los de Euclides o alguno parecido que pretenda hallar soluciones siguiendo el llamado «efecto caja negra».

Mas el mero hecho de que siempre sean los mismos quienes pretendar decidir e imponer cuando se hace «algo» y, al cabo de unos años de negocio, «bombardearnos» con la «adángelización» de que ahora (y con urgencia) llegó la hora de deshacer dicho entuerto, produce esa repetida sensación de que existe una globalidad manejada por unos pocos pero que afecta a otros muchos, y que es inútil el patetismo de Enrique Iglesias o de Shakira cantando en un inglés poco creíble para así acercarse (o creer que se acercan) al pedestal de lo absurdo, al lugar donde están quienes más contaminan hasta para indicarnos que hay que dejar de contaminar, ‘haciendo la excepción’ (como dice Cerati en otra de sus grandes canciones) precisamente la pieza que cantó con él como invitado. Por eso, y por favor o «please», si amamos a la Tierra de verdad, dejémosla en paz.

Acabemos con esta farsa «orquestada» y, si no podemos dejar de contaminar, al menos no nos volvamos pregoneros de la salvación planetaria utilizando tecnología ajena a la misma.

Si de aquí no somos, sin duda, seremos expulsados, pero el planeta continuará vital hasta que otros designios cósmicos indiquen lo contrario, aunque a quien habría que salvar y recordarle que cada vez está menos vivo es a esta pobre y desdichada criatura llamada «ser humano». Planet Earth is Alive. Human Race is nearly Death.

Una vez más, con este Live Earth, el ‘Gran Jefe’ confundió los títulos.

Y a todos los demás de la «periferia», (también, por favor), no sean rebaño de los pastores del chicle y del cliché, no consuman estas cosas, no apoyen esas incongruencias, no imiten semejantes marcianadas, no aprendan aquellos idiomas porque esté de moda o «quede bien» hablarlos, y no entren en la dinámica «moderna-alternativa» porque es otra trampa más de la conspiración alienatoria o de la «alien-nation».

Tenemos el paraíso a nuestros pies, a nuestro alrededor. Parad el coche, apearos de la máquina, bajar del asfalto, salir del cemento, mirar a ambos lados, arriba y abajo, y allí (¡aquí!) estará y está el paraíso.

Sólo basta con moverse unos pasos más allá de la carretera o unos metros afuera de esas catacumbas urbanas llamadas «edificios».

El resto somos nosotros, la Tierra y el Cosmos: un paraíso pleno y viviente. Todo lo opuesto a esto que se llama Live Earth.

El verdadero algoritmo está en nosotros y no en un escenario que retransmite panfiladas vía satélites situados cada vez más lejos de nuestro (¿nuestro?) planeta.

P.D.: adjunto aquí algunas pinceladas que vienen a mi memoria sobre estas maravillosas personas que «salvarán a la Tierra».

El cantante del grupo Foo Fighters escupiendo con el micrófono delante suyo. (¡Qué inspirados nombres eligen para sus grupos!; al igual que los B52s y muchos otros).

Una actriz británica diciendo que ahorrando un porcenaje de energía serviría, por ejemplo, para abastecer de «power» (así se suele llamar a la energía en inglés: «poder», según afirmó, «100 o 150 estadios de Wembley». (¿No pasó por su mente poder abastecer alguna otra cosa más interesante con ese «power» que tanto les interesa administrar mejor?).

Empresas como la Philips y la Chevy de patrocinadoras… Muchos artistas viajando al concierto en sus jets privados. Al Gore, como  algunas personas de países «desarrollados», descuidando su acreditado volumen, sin visos de pretender reducir gastos para su inflada economía digestiva, y eso que no es un tipo que me caiga precisamente «mal». Quizá no sepa cómo encauzar sus buenas intenciones ecologistas desde semejantes baremos infraestrusturales.

Empero no olvidar a Madonna, la ahora defensora de la Tierra y cantante supuestamente comprometida con el futuro del ser humano a escala global, en cuya intervención demostró originalidad y fuerza aunque a veces (y siguiendo las pautas de los siempre impacientes imperialistas) insultando a la audiencia innecesariamente con «motherfuckers», así como otros talentosos artistas de la categoría de Genesis, Cat Stevens, Joss Stone, etc., cuya creatividad musical y tablas son incuestionables. Tampoco dejar de recordar el detalle de invitar a indios o nativos americanos, ya que el toque de incluir culturas ancestrales es sinónimo de sensibilidad, modernidad y de que somos todos hermanos.

¿O es que aún queda alguien capaz de dudar que un blanco se considera siempre, y desde tiempos inmemoriables, igual a razas y grupos étnicos de distinto origen y color?

Y, para acabar, varios etcéteras que dejan claro en manos de quien está un planeta al que hay que salvar (¡de los que quieren salvarlo!, claro…), sin por ello machacar a las excelentes personas y amigos de países que tienen también cantidad de cosas maravillosas.

Un último agradecimiento (esta vez hacia la ‘tecnología marciana’, como suele decir mi amigo Albert): ¡gracias TV y gracias internet por permitirme ver, con mis propios ojos, en qué nivel de evolución nos encontramos los oxi-dentales y la humanidad en «general» (y en capitán o capital también).
Congratulations boys!: ya hemos superado al 666. Ahora vamos por el 777.