La Provenza francesa me hizo sentir como en aquellos prados con aires británicos del verano en las islas del norte. No en vano miles de ingleses residen aquí encontrando en esta región de Francia el espíritu perdido de la Britania actualmente americanizada, a menos que uno se refugie en algún pueblito que conserve el alma creada, mantenida y pervivida por mentalidades que van desapareciendo para dar paso a modernidades que van apareciendo, con los resultados devastadores en consumo, insumo y sin sumo que padece la Europa que quiso ser más que la América no americana y que la otrora Europa sí europea y en el presente con una crisis de identidad digna de la Era de Acuario, en plena ruta de humanidad hacia maquinidad, por ejemplo.

Claro que la Provenza tiene ese aroma a lavanda que la caracteriza y  prados similares que, sin llegar a la magia British, le confieren al área un paisaje diáfano que contagia optimismo, dado que otras regiones galas llegan a ser galas o de gala pero en medio de factores ambientales y sociales suma – mente depresivos debido a, mi entender y el de mi amigo y economista danés Olé Mackeprang, a 3 o 4 motivos implacables:

1.- La falta de una interacción social adecuada. Todo cierra a las 7 de la tarde y la gente, a su vez, como si de un reloj cósmico de tratara, también cierra los contravientos de sus casas. Nadie por las calles. Los pueblos parecen fantasmas. No se ven personas sentadas en mesas como en España, Argentina o Italia. No se visita a los amigos o vecinos como en Inglaterra y Alemania. En muchísimos pueblos el único encuentro social consiste en encontrarse fortuitamente en los pasillos del supermercado un día sábado haciendo las compras de la semana. Es el modelo escandinavo mal copiado y mal aplicado, según Mackeprang.

2.- La Seguridad Social subsidia y ayuda a todo el entramado de la población, lo cual es loable en el caso de niños, adultos con problemas, discapacitados, familias numerosas o en apuros y ancianos. No así en jóvenes y en un segmento de distintas generaciones que sí están en condiciones de trabajar pero que prefieren hacer colar las pagas mensuales, creando así un ambiente de desmotivación general y un déficit que cubren con impuestos quienes trabajan todo el día.

3.- El ocio es ampliamente programado y previsto. Y si bien el más obvio y aparentemente menos animoso de las parejas formales que apuestan por una vida en lo que son (en pareja), parecería en principio más evidente y aburrido que el bullicioso (en cuanto a ritmo de salidas) de los singles y separados, este último me pareció (por lo que pude apreciar en algunos casos) muy «bullie», hipócrita, casi como un juego de rol barato y escasamente respetuoso, con una tendencia irrefrenable hacia los enredos y la infidelidad muy a las clásicas películas francesas de supuestas chicas liberadas y hombres pasados de rosca. Los resultados de uno y ambos grupos son previsibles sin necesidad de comentarlos. Unos sobreviven en medio de la tempestad. Otros se hunden en medio de la tempestad. Y la conclusión es que, por los motivos resumidos en los puntos 1 y 2, gran parte de los franceses en edades medias y mayores dan la sensación de no saber relacionarse adecuadamente entre ellos y con los demás.

Mas viajando a través de este bello sur provenzal comentábamos mi pareja y yo los temas a veces desparejamente aunque con pasión y con compasión, ya que uno no desea por nada del mundo estar en ambientes de barcos sin timón y con timo por detrás (esa era la segunda conclusión por mí propuesta).

¿Será quizás que todo ese proceso que se reiniciara (antes hubo una buena Revolución, si mal no recuerdo) en los años 20s del siglo 20 en países como éste tenga ahora que empezar a revertirse antes de los años 21s del siglo 21?

Realmente y en lo estrictamente personal y auto-referencial, poco me preocupa, pero sí me pre – ocupa que afecte a mi tribu con 3 descendientes que espero asciendan poco a poco en una suerte de madurez emocional que los solidifique en el buen sentido, ya que no quiero ver a mis hijos ni a nadie de mi familia con 30 o más años comportándose como lo peor de alguien de 15.

Y esta primera parte de unas rutas del sur en la que conduje con mi compañera de vida tantos kilómetros, diálogos y nochelogos, me llevó a pensar y a repensar sobre lo importante que es la educación y el modelo de padres y de familia en general que uno tenga desde pequeño. Ahí quedará grabado y sellado en el neocórtex gran parte de futuros comportamientos y actitudes. No hay vuelta que darle: somos bichos repetitivos que hacemos lo que vimos hacer, a veces, sin siquiera darnos cuenta.

Tras cruzar este hermoso sur de Francia, estas rutas del sur continuaron por España hasta Valencia y Alicante.

(continuará el próximo mes)