(Artículo publicado en la revista ‘Universo Holístico’ de Madrid)

Se llamaba Xipaguazin y fue hija del célebre emperador Huey Tlatoani, más conocido como «Moctezuma». Era, por lo tanto, una princesa de la corona azteca. Una joven de quien se enamoró el noble catalán Joan de Grau y Ribó, Barón de Toloriú y capitán en las fuerzas de Hernán Cortés que invadieron y conquistaron Tenochtitlán en el siglo XVI.

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Cercanías de Toloriú (invierno, 2010)

Una Historia de Película

Tras ser rescatada junto a sus dos hermanos y traída a España, Xipaguazin se casó con Juan de Grau e inmediatamente cristianizó su nombre para llamarse María de Moctezuma y residir con su marido en el pueblo pirenaico de Toloriú, a mitad de camino entre Puigcerdà y su frontera con Francia o con la Seu de Urgell y Andorra hacia su opuesto geográfico.

Grau construyó una edificación llamada «Casa Vima» en honor de su dama y princesa mexica. «Vima» quiere decir «Señora» en idioma azteca, y allí, en aquellos parajes, acampé con un grupo de amigos hace casi 25 años, luego de una serie de charlas con José María Armengou, fundador de la revista «Karma 7» y amplio conocedor de los Pirineos y su historia.
Placa conmemorativa dedicada a la princesa, ubicada en la iglesia de Toloriú

Armengou regresaba entonces como director de «Karma 7», tras años de alejamiento por discrepancias con el editor Ramón Plana, y me nombró miembro del Consejo de Redacción en aquella nueva etapa de la histórica publicación. Volvíamos a ser 7 las personas que coordinaríamos la revista y su contenido.

Una noche de 1985 actué en el «Club de Amigos de Karma 7», tocando música instrumental y cánticos gregorianos junto a un ex sacerdote aragonés cuyo nombre y apellido sonaban perfectos para la vida religiosa: Moisés Abad. Eran tiempos en los que estaba naciendo la llamada «musica new age». Abad era un buen conocedor de la historia y hablaba varios idiomas. Grabamos cuatro álbumes de cantos gregorianos, incluyendo una misa y Las Lamentaciones de Jeremías. Soñábamos con el día en que lo gregoriano saliera de los monasterios para darse a conocer en el mundo entero, y así se lo comenté alguna vez a dos importantes directivos entonces de las multinacionales: al director de la EMI, Rafael Gil, y al director de CBS, Manolo Moreno.

Vivíamos momentos en donde todas las fusiones se producían con extrema irreverencia. De la música meditativa saltábamos al cosmos y los OVNIs, del vegetarianismo y la India pasábamos a los monasterios occidentales, o de lo terapéutico volvíamos al esoterismo menos comprobable.

Todo parecía tener cabida entonces. Por eso, aquella noche, después del concierto, dialogamos de muchas temáticas afines, hasta que Armengou volvió a sacar lo de María de Moctezuma, pidiéndome que pasara por allí para ver la situación del lugar y más etcéteras que ahora no comentaré.

Él sabía que estaba yo empezando a viajar al sur de Francia con mayor asiduidad y que me movía con comodidad en aquella zona casi pegada al país galo y antigua Occitania.

El viaje con acampada en Toloriú me permitió palpar una vez más esa energía telúrica que emanan los Pirineos y recorrer el pequeño pueblo de Toloriú, en cuya iglesia un cartel conmemorativo por parte de una Orden de Caballeros franceses, rememora y homenajea la memoria de la princesa que pudo haber heredado uno de los imperios truncados más ricos y avanzados del planeta.

De hecho, existen documentos que podrían probar que la Princesa Moctezuma, fallecida en 1537, trajo consigo parte del tesoro azteca y que éste fue enterrado en un lugar muy preciso vecino al pueblo en el que discurrió la segunda mitad de su vida, siendo su único hijo, Juan Pedro de Grau Moctezuma el heredero del mismo así como de todo lo que hubiese sido y tenido el imperio azteca y el posterior país denominado México.
Toloriú, 25 años después

Poco y nada queda de los antiguos dominios del Barón de Grau. El pueblo de Toloriú ha mejorado sus infraestructuras, servicios, acceso y fachada de algunas de sus centenarias edificaciones, en detrimento de unas atmósferas que ya no son ni remotamente lo que eran. La tumba de María de Moctezuma fue profanada durante la Guerra Civil de 1936.

Hace dos décadas, Guillem de Grau, último descendiente de la saga Grau-Moctezuma, reclamó al estado español y a Castilla la devolución de todo lo incautado a su ancestro Moctezuma hace 500 años.

La familia Grau nunca renunció a lo que consideró un expolio absoluto, pero la historia de amor entre aquel noble catalán y capitán de Cortés con la joven princesa azteca, y su vida en común en los Pirineos, alejados de guerras y conquistas americanas, merece un capítulo aparte en el estudio de nuestros pueblos.

¿Quién hubiera imaginado alguna vez que una descendiente directa de Moctezuma había vivido y fallecido en tierras catalanas, siendo su desaparecida tumba probablemente la primera de su estirpe en Europa?

Se calcula que transcurridos casi cinco siglos, son ya más de mil los descendientes de Moctezuma nacidos en Europa.

La historia y la vida de los hombres continúa. Los imperios caen como cayó el azteca, el español y cualquier otro que en estos instantes se nos presente como el mejor e imbatible.

Nos queda el amor de estos seres unidos por algo mucho más importante que dos nacionalidades, y aquellas imborrables imágenes grabadas en mi retina de un paisaje maravilloso por el que alguna vez transitó la princesa azteca de los Pirineos.