LA PALABRA ‘VERANO’

Costa Brava, verano 2018

Para muchos es sinónimo de vacaciones, para ciertas personas salirse de la rutina, y, para una amplia mayoría, la posibilidad anual más extensa de escaparse al mar, a la montaña, a otros lugares o países…

Cuando llegué a España por primera vez, todavía existían los llamados ‘mirones‘; hombres que se situaban cerca de la playa, en puntos de mira estratégicos para observar a las chicas, sobre todo extranjeras, que visitaban algunas de las mejores playas del Mediterráneo ibérico y que decidían bañarse o tomar el sol en lo que comenzaba a llamarse top-less.

En Sitges me hice amigo de dos alemanas que acababan de llegar, y, como pronto vieron ellas que no era mi intención ‘ligar’ con ninguna de las dos sino charlar e ir a la playa a pasar un buen rato, y, quizás para huir un poco de chicos pesados que iban detrás de cualquier rubia o chica joven que pasara por ahí, casi literalmente se ‘pegaron’ a mí todo el día. Desayunábamos, íbamos a la playa, nos quedábamos durmiendo en la arena, salíamos de noche a tomar algo y hablábamos en inglés mañana, tarde & night.

Como yo aún nada sabía del tema de los mirones, empecé a sentirme intrigado por las miradas de esos hombres hacia donde estaba yo con mis dos amigas, hasta que un día, otra amiga que acababa de conocer y que después sería mi pareja durante muchos años, me explicó que esos señores no miraban al mar o hacia algún hecho en particular, sino a las turistas del norte de Europa.

Comenzaba en España lo que poco tiempo después se denominaría ‘el destape’. La gente joven aún vestían de manera tan gris como los adultos, y ese blanco y negro aburrido, salvo raras excepciones, contrastaba con el incipiente colorido de quienes llegaban de países más avanzados y de lo que en España se llamaba ‘Europa’, como si los españoles pertenecieran a otro continente.

A los argentinos se nos consideraba modernos, cultos y «rollistas»como los italianos. Pero yo no llegaba desde Argentina sino desde Nueva York, donde viví varias temporadas durante los primeros años de la década de los 70s.

El padre de mi amigo Tono, Antonio Alvarez Solís, era el director de la naciente revista Interviú. Con su mujer, Margarita, hacía un programa en la radio local del pueblo, ya que su familia, de origen asturiano, residía en Sitges. Y en aquel programa hablaba de música, de mis primeras producciones de lo que después se llamó new age y de mis anécdotas en EEUU, Inglaterra y mi argentina natal.

Las redadas en bares y en la playa buscando droga fueron bastante usuales aquel verano de mi arribo a las españas. Una vez la Guardia Civil empezó a pedir documentación a todos los que estábamos sentados en las mesas de un bar, y yo no llevaba mi documentación encima. Cuando dije que era argentino, me respondieron «usted no; puede quedarse sentado», pero sí se llevaron a todos los locales para verificar a unos metros del bar, su identidad y documentos, además de revisarlos. Y así fue cómo me quedé solo sentado en la mesa de aquel bar.

Tengo que decir que a lo largo de toda mi vida y habiendo residido en varios países, la policía siempre ha sido muy amable conmigo. Todas las anécdotas negativas que me contaban algunas personas de diferentes lugares, conmigo jamás se produjeron. Las faltas de educación e incidentes que he padecido en mi adultez (muy pocos, realmente) lo fueron por parte de civiles. En fin…

Volviendo a mi inaugural verano europeo, en aquellos tiempos del post-franquismo previos a las primeras elecciones democráticas de España del año 1977, ser extranjero implicaba que te trataran muy bien. Sólo se vigilaba a los nativos.

Han pasado muchos años desde la década de 1970 y ahora, España, Cataluña, Sitges, Europa, el mundo y yo, obviamente, somos otra cosa.

Pero el verano sigue ahí. Y el ver – ano ahora es cosa de las redes sociales y las apps.

Guillermo Cazenave

Guillermo Cazenave

Compositor, Productor, Escritor & Conferenciante

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