Decidí quedarme unos días en Bretaña + Gran para imbuirme del espíritu de un jubileo que no se entiende pero se entiende.

Lo primero que no se entiende es cómo se le puede llamar jubileo a una situación en la que el retiro no se produce. Quiero decir que «jubileo» viene del júbilo que seguramente produce la jubilación, la liberación del yugo del trabajo y del esfuerzo, la lucha y el sacrificio que uno (o quizás 2) entrega durante los mejores años de su vida para salir adelante (o por la puerta trasera y de emergencia, en muchísimos casos y casas).

Entonces Isabel II celebra sus 60 años de reinado con un jubileo. Y yo me pregunto, si es un jubileo ¿significa que dejó de trabajar? ¿o acaso no se trata de un trabajo sino de algo ocioso o placentero? Porque lo que se celebra no es el final sino una continuidad.

En cualquier caso, la plebe British salió a las calles y yo me di el gusto de tocar batería y guitarra en Kentish, de que me hicieran una buena entrevista y de decir todas estas cosas en territorio eneamigo, ya que quienes amamos y odiamos tantas cosas de este país no podemos menos que tener una relación de amor-odio con Inglaterra, hecho este que se percibe abiertamente en Francia, Alemania, España o en Argentina, por ejemplo.

Uno odia amar eso y la otra parte lo sabe.

Cuando el padre de la actual reina Elizabeth visitó Buenos Aires en 1931, mi abuelo Carlos, que era el Director de Migraciones («Interventor» creo que se le llamaba en aquellos tiempos), lo recibió junto al presidente argentino Uriburu, y fueron 3 noches de juerga y salidas por ahí con Edward, que abdicó al trono para casarse con una plebeya. Publiqué una foto de aquella visita en mi post ‘Los Out-Migrantes’.

Años más tarde, el primo de mi padre, Eduardo Rojas Lanusse, comenzó a venderle caballos de polo al actual Príncipe Carlos, hasta el punto de que se hicieron bastante amigos y Charles llegó a visitarlo a su pequeño campo en la localidad de Moreno, provincia de Buenos Aires, y la propia reina invitarlo a una cena en el castillo de Windsor. «Eduardito» (como lo apodaban) murió poco después que mi padre, en el año 2005, y ahora se celebra en Inglaterra cada año un torneo oficial de polo que lleva su nombre. Nunca fue un hombre de dinero aunque muchos lo pensaran por aquello de los caballos.

Va un link del torneo por si algún día quisieras acercarte a este evento vetusto y ventoso por la época del año en que se celebra.

http://www.beaufortpoloclub.co.uk/tournaments-2011.html?view=tournament&id=105

Yo me contento con haber tocado una batería sin platos, lo cual fue espectacular en mi carrera de records insólitos, ya que golpeé con fuerza los soportes de metal que, gracias a la pericia del técnico de sonido, llegaron a sonar como extraños pero consistentes platillos mientras algunos del público se acercaban a mirar porque no entendían exactamente qué era lo que estaba tocando. Fue uno de los instantes más divertidos y surrealistas que haya vivido jamás en un escenario, lo cual es grave ya que mi primera actuación fue en septiembre de 1969 (¡hace 43 años!).

Y aún no sé porqué me siento igual de pendejo que entonces cuando subo a tocar en estas condiciones. Es algo que me revitaliza. Un desafío más. Aquí va una foto de ese instante supremo en el que uno, sin aquellos platos, se siente como estreñido, constreñido, fuera de su nido…

Foto: Matt Whitby (de ‘English Heritage’)

Acabé tocando guitarra, sin olvidar a mi amigo Anthony Phillips, que me prestó guitarras y hasta T-shirts, ya que nunca tengo ropa desde que decidí viajar a los sitios únicamente con lo puesto. Otra sensación extraordinaria: llegar a los lugares sin equipaje.

Y para acabar con Inglaterra voy a escribirle a su Majestad para recordarle que mi abuelo fue anfitrión de su padre durante tres jornadas memorables u olvidables, y que uno de mis tíos colaboró para que la paupérrima caballería de su hijo mayor subiese un poco de nivel.

La vida debería ser un constante jubileo. Una joda total. Incluso para quienes de Queen optemos siempre por el inolvidable Freddy.