Acamparon a sus anchas y a sus largas, a veces equivocando el sitio y las palabras, ya que una revolución es otra cosa muy distinta.

El país en el que vivo desde hace unos años y en el que nacieron mis ancestros paternos, tuvo una revolución que marcó época y cuellos. Aquello sí que fue una buena salida a la calle.

Tiempo después, las cosas volvieron a sus cauces y los nuevos proletarios o sus hijos escogieron el sendero trepa buscando el oro de los ex ricos y actitudes forzadas simulando ser burgueses. Estos últimos se refugiaron en su soledad, incomprensión y crecientes limitaciones o pobrezas.

Empezamos a ver a maradonas o símiles paseando por Champs-Élysées, la Avenida Alvear o en Park Avenue. Y descubrimos que aquel pastel tan criticado por elitista y clasista era igualmente codiciado por quienes se consideraban «pueblo» en su sentido más proletario.

En la canción «Lost in a lost World» («Perdido en un mundo perdido») de ‘The Moody Blues’, la letra nos recuerda «Revolution everyone it’s just another form of gun to do again what they have done», en un claro mensaje de que los que vengan harán después lo mismo que los que estaban antes.

Por eso, cuando surgió el movimiento de los ‘Indignados’ reclamando en su primer manifiesto «Democracia Real Ya», escribí en su perfil del Facebook que «nada más real que una democracia monárquica».

Sin siquiera responderme, surgían comentarios al unísono con la idea de obviar mi opinión, hasta que, al cabo de escasas horas, una carta o circular del escritor y economista José Luis Sampedro (curiosamente designado senador en 1977 por… «¡decreto real!»), iniciaba uno de sus párrafos recalcando que «entiendo democracia real por realidad», en una alusión específica a mi anterior opinión casi como atajando posibles futuras confusiones de algo que un servidor (y cualquiera que supiera entender mínimamente que la ironía no transita los senderos de la literalidad) conocía de antemano perfectamente.

Todo esto me llevó a discernir que no había espontaneidad en aquel supuesto movimiento surgido, valga la ‘redun’, por «generación espontánea», y que de la «Spanish Revolution» ni el título quedaría. Por mi parte, decidí acopiar otra frase: «Fashion Robot-lution». Algo así como una estampida de ilusionados y hastiados manejados desde la virtualidad y las tan modernas denominadas «redes sociales».

Algo que duraría tan poco como el soplo de la virtualidad. Algo que en poco cambiaría las cosas. Algo que acabaría en nada.

¿Por qué digo y afirmo esto?

Porque vivimos tiempos de grandes velocidades. Tiempos en los que una carrera musical dura dos años, un libro dos semanas de promoción o de permanencia en un escaparate, una carta o comentario en alguna de las referidas redes sociales, pocos segundos o instantes hasta que algo más inmediato lo tape. Tiempos en que lo piramidal se satura en su propia saturación. Más video-clips, más subidas a internet o downloads de material que ni se verá ni escuchará apropiadamente. Más digitalización de nuestros códigos analógicos. Más noticias para un ser humano cargado de datos.

Y en medio de esto, jóvenes y no jóvenes indignados ocupando plazas o intentando parar desahucios, y la prensa llenando sus espacios o algún listillo de turno e infiltrado antisistema lucrando a través de ellos como un coleguilla más o empeorando la confusión aún más.

Como conclusión se presiente el final de un ciclo y la caída de quienes últimamente disfrutaron del arriba mediante el expolio de los de abajo. Cuando estos últimos suban probablemente harán lo mismo.
Así que detendré mis reflexiones para volver a escuchar a The Moody Blues en su ‘Lost in a lost World’. Parece ser lo más sensato (por ahora).