GLASTONBURY

Glastonbury y la leyenda del Grial van en unión a los relatos de Guillermo de Malmesbury sobre la llegada de José de Arimatea a este pueblo británico en el año 63 portando el cáliz con la sangre del Cristo crucificado, tiempo después de desembarcar en las costas francesas junto a Mª Magdalena, Lázaro y su hermana Marta, Mª Salomé (madre de Juan y Santiago), Mª Jacobé (madre de Judas Tadeo, Simón el Zelote y otros) y más personas emblemáticas en la vida de Jesús, no siempre recordadas o citadas con acierto en los evangelios oficiales.

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Pero Glastonbury es, actualmente y desde hace años, una ensalada de historias, leyendas e hipótesis paganas sin verificar, aunque muchas de ellas aparentemente con la unánime vocación de negar cualquier clase de versión asociable a la iglesia católica.

Los empeños de unos y otros por demostrar la veracidad de hechos supuestamente acaecidos hace dos mil años, se apuntalan bajo una parafernalia comercial que desvirtúa al lugar, paradójicamente cada vez más célebre debido al Glastonbury Festival of Contemporary Performing Arts, en el que cada verano actúan músicos y artistas de toda clase, siguiendo la tradición de aquel histórico concierto de Led Zeppelin en 1970 y de las primeras acampadas hippies en la zona, con actuaciones que eran casi siempre gratuitas hasta que alguien dijo «eureka».

Como sucede con Rennes-le-Château y distintos lugares donde el primo del amigo del portero vio un día una luz, Glastonbury es otro Lourdes pagano de peregrinación que vale la pena o la dicha conocer, con el aliciente de ver la hipotética tumba de Arturo de Bretaña (o ‘Rey Arturo’ para los amigos), quien fue llevado moribundo hasta la denominada entonces ‘Isla de Avalon’ (y actual Tor) por la hechicera Morgana, alumna de Merlín, aunque el historiador Robert Graves afirma en su El Vellocino de Oro, que Avalon es, ni más ni menos…, ¡la isla de Mallorca!

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A Graves, que precisamente vivió y falleció en Mallorca, le pudo más el sol de Las Baleares que aquellas frías leyendas británicas cargadas de nubarrones.

Así que todo lo referente a estos mitos podría ser cierto, pero si así lo fuese, tampoco es como para emocionarse tanto, ¿no?

Al recostarme en el césped recordé la fábula acerca del chirriar de un cuerpo en el suelo, que para los gusanos significaría «bath time» (hora de bañarse), o quizás de despertarse por el ruido y salir entonces a la superficie, sin olvidar que tan cerca de allí se encuentra Bath, la famosa ciudad de los antiguos baños romanos.

Guillermo Cazenave

Guillermo Cazenave

Compositor, Productor, Escritor & Conferenciante

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