GABRIEL FAURÉ Y EL PAÍS CÁTARO

Mucho hablamos, hablé, escribí y leí sobre el País Cátaro, pero en realidad el país cátaro no existe.

En tiempos en los que a una provincia a veces se le llama país y también se confunde nación con país, etc., etc., recuerdo que viví 11 años en el Ariège, a 11 kilómetros de Montségur, el célebre castillo cátaro, pero también muy cerca de pueblos y ciudades hemosos como Foix, Mirepoix y Pamiers. En esta última ciudad nació el gran compositor y profesor de música Gabriel Fauré, y en estos días se cumplen 100 años de su fallecimiento.
Una de las características de vivir en un sitio es que, salvo excepciones, la gente originaria o que allí residen rara vez hablan o se interesan por las cosas del lugar. Un egipcio no está todo el día hablando de las pirámides, en las radios de Liverpool nunca oí música de The Beatles y en el poco probable país cátaro pocas veces vi a la gente interesada por los cátaros o que supieran quién fue Fauré.

Sí, es cierto que en los sitios que mencioné se realizan excursiones, se reciben turistas de todas partes del mundo y muchas personas viven allí de dicho turismo, y eso es comprensible. En Glastonbury, una de las calles principales está llena de tiendas relacionadas a leyendas artúricas, y en Rennes-le-Château, de sólo haber una tienda que me ofrecieron comprar hace 30 años, incluyendo la propia Torre Magdala en 1992 cuando estaba a punto de ser embargada, hay actualmente un colapso de nuevas tiendas y lugares que aprovechan la leyenda del abad Saunière y su supuesto hallazgo de información o lugares vinculados a María Magdalena.

Pero en Lavelanet, por ejemplo, pueblo o pequeña ciudad situada tan cerca de Montségur, nada hay relacionado al mundo cátaro. Ni tiendas, ni lugares que organicen visitas, ni hoteles, ni nada…
Se trata de un lugar interesante, con un paisaje atractivo, aguas y aire puros, pero sin iniciativas para potenciar allí lo cátaro.

En Pamiers tampoco se hablaba habitualmente de Fauré. Yo iba bastante seguido a aquella pequeña ciudad, pero al………. ¡Carrefour!
Tenían el supermercado más grande y completo de la zona. Y más de una vez rumiaba ¡pensar que aquí nació Fauré…! ¿Se acordará aquí alguien de él?.

Así que celebro que esté ahora representándose el Réquiem de Fauré, que para el compositor francés significó la tragedia por la muerte de su padre y, más tarde, y cuando estaba acabando una de sus obras más significativas, la muerte también de su madre.
Muy cerca de Pamiers nacieron mis dos hijos mayores y todo esto me hizo pensar lo poco que vi a mis padres en vida, al haber emigrado desde tan joven, y que estar lejos o distanciarse de los padres, de una manera u otra, afecta a los hijos.
En ocasiones, ese distanciamiento es debido a circunstancias inevitables de la vida pero en otras, algo fácilmente evitable.

Vivir en aquella zona tan especial me reconectó con lugares y «épocas épicas», con un pasado lleno de errores, persecuciones y aniquilamiento de aquel espíritu cátaro con el que simpatizo.

Los tiempos cambiaron pero lo que siempre perdura, por encima de actitudes inquisitoriales, es la obra, es la esencia…: ya sea cátara, ya sea mística o, como en el caso de Fauré, musical. Sobran los ejemplos de la perdurabilidad de la obra humana que sobrevive a los autores.

Y aquellos/as que intentaron silenciar o eliminar a quienes crean, a quienes aportan cosas a la vida, a quienes intentaron hacer del espíritu de paz y concordia una realidad, no quedan bien parados en la historia por el mejor juez que la historia le otorga al ser humano como posibilidad certera de comprensión y de ubicación ante los hechos para así, cuando se trata de errores, no volver a repetirlos nunca más: el tiempo.

 

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Guillermo Cazenave

Compositor, Productor, Escritor & Conferenciante

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