Con Feliciano Pla a los pies del castillo de Montségur

Casi coincidiendo con el fallecimiento de Masanobu Fukuoka, estuvo por aquí de visita Feliciano Pla, uno de los principales introductores de la Permacultura en España, además del Feng-Shui y del Tai-Chi junto a su maestro Peter Yang, un profesor de esta disciplina que, a su vez, era sacerdote católico y oficiaba misa en la Catedral de Barcelona cada domingo a las 12 del mediodía.

Pla en concordoncia con Fukuoka y su libro ‘La Revolución de una Brizna de Hierba» -por no querer poner el traductor la palabra «Paja» en lugar de «Brizna»- o ‘The One Straw Revolution’

Hacía casi 25 años que no veía a Feliciano. Me encontré con un hombre de 75 años en plenas formas físicas, mentales y espirituales, siguiendo fiel a sus principios de armonía y contacto con la naturaleza.

Aprovechamos su visita, acompañado del amigo común Albert Martinell, para actualizar nuestros respectivos temas, intercambiar información y practicar Tai-Chi, recoger manzanas y realizar algunas pruebas de cultivos dentro de la línea de la Permacultura, una disciplina milenaria pero reencauzada a través de las teorías de personas como Bill Molison y el propio Fukuoka, quienes revolucionaron las ideas de «trabajar la tierra» respetándola sin forzar su producción hasta agotarla, tal como sucede habitualmente con la agricultura oficial o biológica.

Y dentro de esa propuesta del «no hacer», por la que tanto bregó con acierto Fukuoka, aún observamos cómo se llena nuestro campo de pesticidas, cómo se ara, se poda, se elimina la llamada «mala hierba», etc., en lugar de interaccionar al suelo con sus ciclos naturales sin prácticamente necesitar de la intervención del hombre.

Desde aquí hago un llamamiento para que agricultores, autoridades, especialistas, estudiantes e interesados, busquen en librerías o en internet, material de Fukuoka y, si así lo desearan, se pongan en contacto con Feliciano Pla, para dirigir nuestro sendero de relación con la tierra y la naturaleza de una manera no agresiva e intervencionista.

En el sistema de vida de la Permacultura no necesitamos ni agua para que la tierra nos ofrezca su riqueza y cultivos, ni neveras y ni siquiera WC con agua potable y corriente para arrojar nuestros residuos corporales a las cloacas y ríos de manera irresponsable y repugnante.

Mi hermano Marcelo dice que ‘permacultura’ le suena a ‘esperma’. Albert asiente para añadir que «entre la ‘brizna de paja’ y el ‘semen-terio’, la permacultura fluye en la eterna creación de todos los elementos de la vida», y que es muy probable que el primer dios de la creación, al ser único, se hubiese masturbado para generar múltiples ‘big-bangs’. Yo respondí que eso de llamarle ‘más-turbación’ a algo que supuestamente proporciona placer, parece otra manipulación del diccionario y de los que inventaron ese sistema de comunicación tan básico llamado inicialmente ‘el Verbo’.

En cualquier caso, tenemos que empezar a cambiar; mejor dicho a CAMBIAR con mayúsculas…, y sería más efectivo o sabio que lo hiciésemos «por las buenas» y con el conocimiento milenario de nuestros ancestros que hace nada a alguien le interesó resetear para comenzar a realizar negocio gracias a la ignorancia y pereza mental de la que últimamente alardeamos, sin comprender que está en juego nuestro futuro y el de quienes tienen en el planeta su hábitat.