… como dicen los brasileiros, es un tema que trasciende lo tras – zen – dental, para tornarse en algo político, nacional y en el que se dirimen la vida o la muerte por… unos cuantos meses de existencia.
 
Esos 22 valorosos hombres pujando por el balón espermatozóidico que ovula en el arco tras poder entrar al grito de gol, en una escena tribal que deja preñada a multitudes y embelesadosmasoquistas a pueblos enteros o «partidos» por la mitad, ya que las selecciones suelen ser más o menos las mitades de los grandes equipos de las ligas locales (o las ligas extranjeras; sobre todo en ver-ano), ganan más din – eros que casi todos los que desempeñan funciones en trabajos, llamésmosles «legales».
 
Hubo un tiempo en que en la Argentina el mejor equipo era el llamado «la Máquina» del River Plate, con excelentes jugadores como Labruna o Moreno, de quien se decía sobre este último que fue un Pelé o Maradona de la época incluso más hábil y elegante que los los más recientemente conocidos.
 
Entonces la Selección Argentina fue también por rachas, equipos casi enteros de River o de Boca, con algunas pequeñas excepciones. La solución ideal, ya que unir y fusionar a jugadores de tantos equipos diferentes, que ni se conocen entre sí ni juegan nunca juntos a lo largo del año anual, exige una tarea titánica propia de grandes entrenadores.
 
Por ello, ¿para qué tanto esfuerzo? Más fácil seleccionar a los 7 u 8 del mejor equipo y añadir quizás a un arquero o a un par más que completen un equipo ya previamente formado y probadamente probado en un club «de éter minado».
 
En aquellos tiempos de La Máquina, la soberbia argentina fue tal, que nuestra selección no se presentó a algunos mundiales mermados en equipos y calidad tras la post-guerra europea de los 40s, perdiéndose así la posibilidad de obtener más títulos para su país, aparte de que La Máquina ganaba los campeonatos locales de 1941, 43, 45, etc., etc. en una época en la que el mundial no podía jugarse en plena II Guerra Mundial. Se ve que para algunos argentinos, ir a la pobre y devastada Europa era bajar de nivel, hasta que un día se dio vuelta la tortilla y la bajada de nivel era… ¡quedarte en tu propio país!
 
Pero volviendo al fútbol, y ahora a esta nueva selección española, ganadora de un mundial y de dos copas europeas, formada por una base logística del FC Barcelona, me recuerda a aquel River, a aquella Máquina de la que te adjunto enlace y que probablemente haya sido el mejor equipo de fútbol del siglo XX, ya que aparte de su calidad y eficacia, sus resultados fueron los que llevaron a que el River Plate fuese el club de fuchiból que más puntos cosechara en dicho siglo; algo así como coronarse «Campeón del Siglo».
Adjunto enlace de La Máquina:
 
Pero no olvidemos que el deporte se vuelve política, y mucho más en tiempos de crisis, cosa que todo político conoce y maneja.
 
Y el político, como bien sabemos, siempre ha abogado y aboga por ahogar al futuro ahogado mediante mediáticas palabras y dis – cursos que suelen durar 4 años hasta llegar a la orgasmonización, ya que el ciudad – ano tiene como meta que se le meta el temido tema bien metido a través de los podadores poderes típicamente fuck ticos que, desde tiempo memo – ría bles eran la ilusión de madres y abuelas que año-raban que sus retoños de otoño fuesen a la uni-versidad para versarse y que, en su defecto defectuoso les saliesen avatares militares (antes de que los políticos abogaran por el poder), médicos (después de haber liquidado a curanderas, brujas y alquimistas) o curas (tras la previa bendición benedicta o «ven edicto» inquisitorial para liquidar a todo aquel que no perteneciese precisamente a dichos, nichos y bichos poderes fckng fuck ticos o fácticos, cuyas santas sedes son ahora los llamados «ay-untamientos»).
 
¡Qué error y horror entonces seguir con tanto ahinco esa follada de 90 minutos extenuante y repetitiva, en la que, como en todo acto carnal, se suda como un loco! Aunque en esta singular o colectiva ocasión se logran pocas situaciones embarazosas empero y en pedo siempre celebradas por esas multitudes ávidas de bronce, mausoleos y perdurabilidad.
 
Y los arqueros o porteros, que «preservan al-tivos» la virginidad de su equipo, no suelen llevarse tantas medallas como los goleadores, que en España hasta no hace mucho se los denominaba «pichichis» ( extraña palabra, pues). Y a lo que nosotros llamábamos «clásicos», ellos «derby» (en inglés). Poco a poco van incorporándose palabras a uno y otro lado del Atlántico que, espero y deseo, enriquezcan nuestra forma o deforma de hablar.
 
Así que, y para concluir, no desesperemos. Ya sabemos qué es lo que tiene «máséxito»: un deporte que ovula con una pelota y 22 tipos que la luchan hasta que la consiguen, cobrando por ello (como en toda profesión ancestral) grandes sumas que paga la clientela voyeurista.

Guardiola celebrando un gol de Messi cogiéndolo por detrás

Sin duda, hemos evolucionado. Del circo romano al fútbol pañoca (actuales campeones) o sudaca (ex campeones), pasaron dos mil años. Y si los pañocas ganan y los sudacas y el resto guiri pierden, señal inequívoca de que para volver a subir de nivel habrá que cruzar pronto nuevamente el charco a Brasil, Argentina, México. Ya estoy acostumbrado a hacerlo y no me importaría repetir… ¡la jugada! Todo sea por aquello que escribí antes acerca o alejos de la «perdura-habilidad» y el bronce (o la copa).