Entrada al Congreso (Hotel Melià, Sitges, Barcelona)

En aquellos días, leyendo noticias sobre Italia en las que política y sexo una vez más se vinculaban al poder, me llegó la nueva de que me invitaban a una llamada «Cumbre de Exopolítica» en Sitges.

Al principio entendí mal lo que me decía mi amigo y a veces ‘manager’ Juan Calvo, porque era un día de tormenta y las líneas de teléfono entre Francia (donde resido actualmente) y el sur de España (donde Juan vive) parecían invadidas por chirridos e interferencias de toda índole. Así que entendí que había una cumbre sobre «Sexo y Política» a la que me habían invitado pero de oyente, sin participar.

Inmediatamente pensé: «como mínimo, si no me dejan participar ni llegar a la cumbre, lo de oyente no es suficiente: es evidente que deberían invitarme como vidente» (redundo).

Pero ¿qué podía yo aportar en una cumbre de esas características?
En el texto en francés se comieron el artículo «la» de «la verdad»

Por suerte, la aclaración de Juan llegó pronto a mis oídos, y el tema era acerca de «exo», de Exopolítica, una disciplina que estudia el interaccionar de lo extraterrestre en la civilización humana y en sus mandatarios o, generalmente, políticos.

Bueno, pensé; hace más de 20 años escribí un libro que estoy por reeditar ahora y que tuvo dos dignas ediciones en su momento y se llamaba «El Sonido del Universo». En dicho libro hablaba de la música de las esferas, de la astrosonía, de mi visin cósmica y cómica de la vida, etc., con un prólogo de Mârius Lleget, uno de los pioneros en España tanto de la astronáutica ortodoxa como de la ufología heterodoxa, quien falleciera a pocos meses de publicarse mi libro.

Cinco años más tarde, produje varios videos sobre temática OVNI: 3 de Antonio Ribera, 1 sobre Capilla del Monte (donde el Instituto de Musicoterapia tenía una sede), 2 sobre Luis José Grifol y sus vivencias en Montserrat y uno para Fabio Zerpa, quien me organizó una gira por Argentina en la que llegamos a actuar juntos, en tiempos en los que mi grupo de música que me acompañaba se denominaba «La Nave».

Realicé numerosas producciones sobre otros temas, pero lo OVNI me permitía musicar estos videos de una manera más sinfónica, cosa que en la new age no se me perdonaba cuando lo hacía, ya que todo tenía que ser entonces relajante y lleno de flautillas o pajarillos adormecedores.
Seguía, pues, dudando y comentando con Juan ¿para qué me querían de oyente o como invitado en un congreso así? Podría haber dado una conferencia sobre El Sonido del Universo, sobre muchas cosas que he vivivo en todos estos años o hasta tocar en directo música como lo hiciera en muchos sitios y simposios sobre el tema UFO…, pero ¿de invitado?

Esa noche regresaba de otro de mis viajes, así que casi no dormí y tuve que poner el coche en marcha a las 4 de la madrugada para llegar desde mi casa en el sur de Francia en unas pocas horas hasta Sitges, a un hotel en el que toqué con Ronald Lloyd en los años 90s con motivo de su inauguración. Un hotel, el Melià, situado a 50 metros de los apartamentos en los que viví una temporada hace más de 25 años, precisamente cuando fundé mi Sello «Astral» y comencé la new age en España sin siquiera saberlo.

¡Curioso!, reflexioné. Estoy aquí a 20 metros de mi antigua casa en la que empecé tantas cosas con ilusión cuando tenía 27 o 28 años, en una España que empezaba a despertar del letargo no europeo.

Lo primero que me sorprendió fue encontrarme con Juan Nuez Gracia, dueño de la librería «Epsilon» de Barcelona y co-editor de mi libro «El Sonido del Universo». Juan tenía un stand con libros de otras editoriales pero no llevó libros míos, agotado hace años el anteriormente referido.
Una de sus colaboradoras y socia, Carmen Domenech, me introdujo al organizador del evento: Miguel Celades Rex, quien junto a un joven llamado Pepón Jover, fueron las cabezas visibles de este congreso al que asistieron 1200 personas y ningún español como conferenciante, siendo a último momento Javier Sierra, y por intermedio de Carmen, invitado para ser moderador y presentador de las charlas.
Con Miguel Celades y Javier Sierra

Miguel Celades fue muy amable conmigo y Carmen se deshizo en elogios hacia mi persona, ya que no nos me conocíamos. Al marchar Miguel, ella me comentó que en la organización no conocían a nadie de este ambiente; ni a Jiménez del Oso, ni a Ribera ni a Javier, etc., y que Pepón Jover había vivido muchos años en Inglaterra y tenía más referencias del mundo anglosajón que el de su propio país.

Más tarde, en un comunicado, la organización afirmó que no había invitado a ponentes españoles porque no había ninguno con suficiente nivel de convocatoria para una cumbre de este tipo.

Yo no entro ni salgo en este tipo de debates o «de bates» de beisbol.

Durante muchos años padecí una extraña e invasiva hiper-internacionalización de la música new age que aplastó a lo local, con la indiferencia del público español, apto solamente para consumir nombres y acentos de países considerados superiores y, aunque mi apellido sea francés, de haber sabido antes respecto a estas cribas, hubiese hablado como Luis Aguilé cantaba.
Pianificando un poco en el hall del hotel

Por suerte, siempre hubo una minoría informada que sabía que la new age no eran ni Kitaro, ni Enya ni Vollenwieder, pero se trataba de un diez por ciento del ambiente alternativo, que también cayó en lo fashion y en los dictados de las FMs, la tele y tiendas.

Celades fue muy amable conmigo y me invitó a un próximo Encuentro a celebrarse en Madrid. En realidad, yo no soy español ni vivo en España.

Soy internacional porque no importa a qué sitio vaya (incluyendo mi ciudad de nacimiento), dado que in»exo»rablemente me preguntan de dónde soy.

Por lo demás, estuve allí sólo el primer día y tuve la oportunidad de charlar con algunos de los conferenciantes, como Michael Sallas o el ex astonauta Brian O’Leary, etc. Algunos de mis diálogos con ellos serán incluidos en la nueva edición de mi libro.
Con el ex astronauta Brian O’Leary, que ahora vive en Ecuador

Acoto que parece ser que el último día hubo varios incidentes entre personas que se sintieron amenazadas por uno de los ponentes y otras que saltaron al escenario para denunciar esos supuestos hechos, más las consecutivas cartas y circulares que la organización envió explayándose sobre temas y anécdotas personales que a mí ni me incumben ni me acercan al tema en cuestión de la Exopolítica sino más bien al agente Mulder y sus Expedientes X.
Sea lo que fuere, el congreso fue un éxito de público y mostró calidad en sus planteamientos y puesta en escena.

Que personas distintas entren a formar parte del mundo OVNI por otra puerta y que desconozcan a figuras principales del ambiente, es también algo sano, ya que puede poner en guardia a quienes siempre alinean al mismo equipo con la misma camiseta.

Que entren otros a jugar es un desafío y pondrá a prueba egos y sentimientos de imprescindibilidad.

Ya viví mucho de esto cuando tenía 34 o 35 años y jamás hubiese imaginado que las cosas suceden, a veces, tan deprisa, y que cuando te mueven la alfombra, aunque quienes te la muevan no lo sepan, están ayudándote a evolucionar y a entender que no eres nadie.

Deseo que, independientemente de criterios e intenciones de unos u otros, se realicen en España más Encuentros de este nivel y que «los locales» (o nativos) no se piquen si no son invitados, sino, más bien, cultiven el esmero para que entre todos, y en un país tan turístico y de servicios, se llegue tarde o temprano a la conclusión de que uno del norte (se llame Vollenwieder o Wilson) no implica que siempre es mejor o más interesante que un Manolo de por ahí.

Todo es relativo. Este congreso me gustó y le auguro a Miguel Celades Rex y colaboradores más emprendinientos como el de Sitges. El tiempo dirá…