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Algunas etapas de las que escribía el pasado mes son como si renaciésemos en vida sin necesidad de morir físicamente.

De ello me hablaba hace muchos años el médico naturista y también músico, pintor, fotógrafo, filósofo y viajero, Eduardo Alfonso, quien de muy joven atendiera una vez al rey de España Don Alfonso XIII y que, según me contaba, cuando tuvo la oportunidad de conocer al teósofo Mario Roso de Luna, éste le explicó que todos reencarnamos en vida unas cuantas vidas a lo largo de una misma encarnación.

De inmediato, pues, vinieron a mi memoria aquellas sabias palabras que me transmitió Eduardo Alfonso cuando yo tendría treinta y pocos años y con él compartía audazmente estrado en algún congreso a los que entonces me y nos invitaban.

Sí, estaba reencarnando hacia otra cosa. Moría un Guillermo, moría una situación vivencial muy intensa, morían en mi vida personas, sucesos y padecimientos que me oprimían. Pero a la vez nacían nuevas posibilidades nada sencillas de comprender y llevar a cabo porque tuve que soportar injusticias y humillaciones, pero, con tres hijos a mi cargo bajo una clase de responsabilidad por mí inclaudicable, el surco de estos rumbos se tornaron complicados.

Acabo de llegar a Paraguay, invitado por la psicóloga de mi hijo Adrien, y antigua amiga del mejor amigo de mi hermano (también psicólogo).

Su casa está en medio de una naturaleza esplendorosa y mis hijos, mientras intentamos localizar a su madre sin resultados, están felices. Le compré juegos a mi pequeña Elizabeth: toboganes, columpios, piscina… El clima es caluroso.

La casa de San Pedro y con el colegio a 50 mts. y el hospital a 100. Ideal para esta etapa que nos toca vivir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estamos en zona transfonteriza, muy cerca de Argentina y, al igual que cuando vivía en el sur de Francia, cruzamos muchas veces a uno y otro lado para comprar o visitar los pueblos que están en uno u otro país. A pesar de todos nuestros esfuerzos para poder contactar con Sara, madre de mis hijos, el tiempo pasa y mi abogada de Francia me dice que ella lo hace para, mientras se toma unas buenas vacaciones, deja que el protocolo legal continúe actuando en mi contra. ¿Será tan así? Me cuesta aceptarlo.

Mis hijos disfrutan aquí de una calma, alegría y libertad que los está ayudando a crecer y a, poco a poco, ser más auto-suficientes e independientes.

 

 

 

 

 

 

 

Si al menos es cuchara…