Este año abunda en presagios de libertad y cambios. Tras casi 15 años en un país estructurado sobre unos cimientos que sentaron cátedra en Occidente desde los mismísimos tiempos de la Revolución Francesa, que supongo nadie la habría planteado como tal, acercarnos a una ciudad a través de distintos períodos (algunos despegando, otros en retirada, algunos más mutando…) plantea interrogantes que el tiempo dirá cómo se resuelven.

Lo que mi mente racional anclada en lo cotidiano ve como un peligro, mi conciencia cósmica lo percibe como el momento en que se producirá aquello que uno no desea pero el UNO sí. Son esas sacudidas de alfombra dolorosas que nos obligan a despertar. Son esas transformaciones que bifurcan caminos que antes parecían eternamente unidos por el sello del amor y de la lealtad.

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Y así, esperando la nada de ese cambio de ciclo, pero ese todo de un algo que ya ha empezado a traer y a atraer nuevas y no tan nuevas personas que desencadenarán lo inevitable, me persigno orando por que sea lo que deba ser en fulgores de una relativa paz. Para ello hay que estar muy alerta en lo que uno piensa y siente, y en los que los demás hornean para alimentar situaciones violentas. Se trata de las pruebas del karma…, de la rueda del samsara; una palabra en sánscrito que para mí dice mucho más que para los propios hinduistas por motivos obvios en los que no me extenderé.

Se acerca pues el cometa de la destrucción que volverá a reconstruir una nueva etapa resurgiendo de sus propias cenizas; finalmente la profecía maya empieza a tener sentido para mí. Pero temo por quienes aún no entienden ni entenderán nada de esto por un motivo puramente cronológico. Niños, adolescentes o jóvenes en peor situación que los adolescentes perdidos. Habrá que cuidar aún con mayor primor a los más desprotegidos. Y de ese lío, los adalides del mal (que de su mal hacen, en perspectiva, el bien) se colarán. No tengo ya ninguna duda.

Los hinduistas dicen que hay que agradecer al verdugo porque te ayuda a evolucionar y que para ello el ego debe dar paso a la verdadera personalidad trascendente. El ego se niega a perdonar pero la personalidad sí que puede. Es ahí donde se ve si hay laburo evolutivo o si todo no eran más que teorías hechas añicos a la hora de la verdad. Que el Universo y el Cielo me ayuden.