Para quienes sigan, sigamos o estén influenciados por el calendario romano, sí. El 1 de enero empieza un nuevo año. Pero para otras culturas, ni el año comienza el 1 de enero y ni siquiera estamos en el 2013.
Y de hecho, los chinos nos presentan simbolismos y metáforas basadas en las peculiaridades de su Zodíaco, subdividido en 12 animales que circundan el espacio estelar ofreciéndonos la posibilidad de vivir durante 12 meses la energía y lo que representa la vibración de cada uno de aquellos animales.
Para el occidental del norte, comenzar el año en pleno invierno, bajo el influjo de un planeta tan lento y pesado como Saturno, es sinónimo de ralentización. Para el del sur, apatía y calores.
¡Feliz y Dades desde la calle Lancelot!; ironías del destino, justo enfrente del Harrods londinense.
No hay duda de que la naturaleza y las grandes eclosiones de calor, esperanza y optimismo, surgen y resurgen en primavera, en esa prima veritat o primera verdad en la que se nos da la oportunidad de reiniciar otra temporada previo reseteo de lo que queramos descartar, y así lo entienden millones de orientales mientras nosotros, los «oxis», no vemos mejor ocasión del regreso del Sol y la luminosidad para salir a la calle en procesiones repletas de autoflagelos y culpas, de lamentos y oraciones depresivas, o, últimamente, iniciando invasiones a países pobres sin ejércitos pero con materia densa que utilizamos para nuestros combustibles incombustibles y nuestro negocio interminable de expansión basado en la compra-venta.
Pero fue una rebelión lusitana en lo que ahora llamamos «Enero» y de unos 150 años antes de nuestro poco convincente año cero, la que ocasionó que los cónsules romanos adelantaran la fecha previa al cambio de su ciclo primaveral de Marzo para así poder embarcarse en aquello de sofocar posibles conatos anti-imperiales de las Lusitanias e Hispanias del sur, y para ello no tenían más remedio que hacer el traspaso de poderes en dicho mes de Enero, dado que no podían esperar al Marzo habitual de renovación con las revueltas encima. Así que, semejante manipulación política produjo que hasta el día de hoy vivamos dos meses en retroceso natural. Septiembre que es el 7, se volvió el mes 9, Noviembre que es el 9, el número 11, y así con todos. Un disparate por donde se mire.
Por eso, y aunque deseo que empiece muy bien este 2013, sé perfectamente que el año no comenzará hasta febrero o marzo. Y como consejo sobre lo que ya es un hecho inminente e irreversible, aconsejo que miremos hacia culturas milenarias como la china porque lo que nosotros consideramos superstición es ya una realidad. Por ejemplo, que entramos en el año de la Serpiente.
Y lo que también nosotros consideramos realidad, hace rato que es una superstición. Por ejemplo, creer que el dinero existe, que el éxito existe, que los políticos arreglarán algo o que el delegado de un Banco que nos concedió un préstamo era acaso amigo nuestro.
Nuestro raciocinio es el más irracional y supersticioso porque aceptamos lo que se nos dice oficialmente pero negamos lo que desconocemos sin siquiera tomarnos la molestia de estudiarlo o indagarlo en serio. Total, si dos más dos son cuatro ¿para qué averiguar lo que significa una serpiente?
Así que, feliz invierno y feliz verano para tod@s, y, con vuestro permiso, me quedo esperando al año de la Serpiente y al equinoccio de primavera.
Feliz… ¡lo que sea!