
Durante el pasado mes dio inicio el llamado Camino de los Anillos, una peregrinación que recorre un trayecto de casi 125 kilómetros por enclaves vinculados a la célebre obra El Señor de los Anillos, del escritor, poeta y filólogo J. R. R. Tolkien (1892-1973), nacido en Sudáfrica pero educado en Inglaterra bajo la supervisión del Padre Francisco Morgan (1857-1935), un sacerdote de origen español nacido en Cádiz e hijo de británicos, que fuera, a su vez en Birminghan y a finales del siglo XIX, alumno de John Henry Newman (1801-1890), el presbítero anglicano convertido al catolicismo (santificado en 2019 por el Papa Francisco), de reconocida influencia entre numerosos teólogos y citado como ejemplo por varios historiadores de la Iglesia.
Tolkien y el Padre Francisco Francis Morgan
El Padre Morgan fue quien le inculcó a Tolkien los preceptos y enseñanzas que él había recibido directamente de Newman y que luego se dejaron traslucir en los escritos y obras del célebre autor, aunque quizás pasaran desapercibidos para la mayoría de las personas que no recibieron esa clase de educación o formación religiosa.

John Henry Newman (el Cardenal Newman)
Por eso, este Camino de los Anillos, que atraviesa localidades como El Berrueco (La Pradera de Hobbiton), Sieteiglesias (Gamoburgo), La Hiruela (Rivendel), Buitrago (Bree) o el cerro Piñuecar (Cima de los Vientos), es mucho más que un recorrido para senderistas.

Podríamos decir que se trata de un camino interior de superación personal. El hobbit es un peregrino de la vida, un ser que busca reencontrarse a sí mismo a partir de valores que Tolkien bebió del Cardenal Newman a través del Padre Morgan, y que quedaron reflejados en numerosos pasajes de su obra.
A lo largo de la peregrinación se realizan lecturas y pequeños seminarios que, este año, fueron los siguientes: San John Henry Newman, cor ad cor loquitur, J. R. R. Tolkien y el camino interior de Frodo, El sentido del asombro para la educación en el cuidado de la creación, y Entender y vivir la Laudato Si.
A los peregrinos del presente 2024 se les recomendó leer previamente, a ser posible, la encíclica Laudato si del Papa Francisco, y otras dos lecturas: Apologia pro vita sua, del cardenal Newman, y obviamente, El Señor de los Anillos, de Tolkien.
Hace meses, estando en un programa de televisión, escuché a una de las panelistas previas a mi intervención, decir: el Newman (el colegio argentino de origen irlandés, Cardenal Newman) es una fábrica de talentos, una fábrica de genios.
El comentario surgió en referencia a un alto cargo del actual gobierno de Argentina, que había estudiado en dicho colegio de Buenos Aires (no recuerdo si la alusión iba por el ministro de economía o por el presidente del Banco Central que, nuestro mandat-ario de origen judío, amenazó incendiar, supongo que en joda, durante su pintoresca campaña electoral).
Y mientras esperaba mi entrevista, en la que, por cierto, me preguntaron ¿por qué había viajado y vivido en tantos lugares diferentes?, reflexionaba también preguntándome: ¿soy acaso yo un talento? ¿soy acaso yo un genio?
Si dicen que el colegio Cardenal Newman es una fábrica de talentos y de genios, ¡algo de eso, quizás, tendré o tendremos!
Pero mi conclusión (parcial) fue: si hay algo que me considero es un ‘compartidor’, pero esa profesión no existe, aunque cuando uno comparte también ‘comulga’, sea o no sea católico.
Tal vez soy un ‘peregrino por la vida’, porque a donde voy, escribo, hago música y lo comparto… Lo comparto con quienes estén interesados. ¿Interesados en qué? Suelto en el aire la pregunta (o la respuesta…).
Comida de ex alumnos del Newman (2023). Ese año celebramos los 50 años de la Camada 1973
Mientras tanto, me dejo llevar por el espíritu tolkieniano, con esas dosis de Newman que constituyen una forma de entender la vida de manera similar a la de un peregrino.
¿Y por qué digo esto? porque quien porta esencia o semilla en su interior, no necesita predicar o hablar para explicar con palabras algo que va más allá del verbo. Cada persona, cada bicho viviente, están/estamos aquí por algún motivo. Y si fuésemos capaces de ajustar un poquitín nuestro nivel de sensibilidad, tal vez comencemos a captar esa esencia y esas semillas que algún día germinarán en otra cosa, porque si miramos y analizamos la historia humana en la Tierra, hasta los personajes más grotescos, finalmente favorecieron y siguen favoreciendo el cambio y la evolución que ni ellos mismos seguramente deseaban.
Gandalf y Galadriel en peregrinación, llegando a la capilla de Rivendel, en La Hiruela, al norte de Madrid
Gracias a Tolkien, al Padre Morgan, a John H. Newman y a miles y miles de peregrinos (del Newman o de otros lugares y tribus del mundo), las semillas continuarán germinando.