EL OÍDO NO TIENE PESTAÑAS

El oído no tiene pestañas. La oreja tampoco. Por eso el sonido y la música son invasivos. Llegan a nosotros. Entran en nosotros.

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Uno va a buscar un cuadro, un libro o una fotografía.
La música, en cambio, llega…

Es por ello importante la música y el sonido que dejamos entrar en nuestros cuerpos: si entra música alteradora, nuestros centros de gravedad corporales, mentales y emocionales se alterarán.

Si escuchamos música espiritual, seremos más espirituales.
Si escuchamos música relajante, nos relajaremos mejor.
Si escuchamos enfadada, nos enojaremos más con la vida, con nosotros mismos, con lo demás y con todo lo que esté pasando.
Si escuchamos las grandes composiciones de música clásica, nuestro nivel vibratorio se elevará y la comprensión intelectiva y el uso de nuestra inteligencia se desarrollarán con más coherencia y amplitud.
Si escuchamos jazz, aprenderemos a improvisar, a estar preparados para el cambio aunque a veces podríamos dispersarnos.

Y así con todos los estilos e influencias.

Sí, el oído no tiene pestañas pero cuando vibramos con una melodía bella, cerramos nuestros ojos para poder sentir y «ver» la música… y ninguna otra cosa más.

Y así dejamos que esa energía, esa vibración, ese sonido, ese movimiento cósmico, quizás nos lleven por unos instantes de eternidad absoluta hacia los confines del universo.

Guillermo Cazenave

Guillermo Cazenave

Compositor, Productor, Escritor & Conferenciante

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