El Cardenal Newman…
… era el nombre del colegio al que fui gran parte de mi infancia y adolescencia en Argentina; más concretamente desde 1962 hasta 1970.

Y John Newman el Cardenal beatificado recientemente por el anterior Papa Benedicto, que sirviera de inspiración para quienes fundaron dicho colegio en la Buenos Aires del año 1948.
Mis padres vivían en la calle Virrey Cevallos 592, a 200 metros del colegio que, a su vez, estaba ubicado enfrente del Departamento Central de la Policía de Buenos Aires. Y allí nací yo en 1955, cuando mi hermano cursaba uno de sus últimos años de la primaria en el Newman, en una de las primeras hornadas o camadas de aquel colegio diseñado para clases pudientes que así se llamaban porque evidentemente «podían», entre muchas otras cosas, pagar los miles dólares que costaba el colegio fundado por unos Christian Brothers irlandeses que nos sumergían en el inglés y el rugby aunque en su revista anual despotricaran en contra de los ingleses, hecho éste que mi mente de 8 o 10 años de edad no alcanzaba a comprender: si están en contra de Inglaterra ¿por qué nos insisten en aprender inglés?
El trasiego de «brothers» desde el norte de Irlanda era constante. Llegué a hacer bastante amistad con alguno de ellos, hasta el punto de escribirme y cartearme durante un considerable tiempo tras haber dejado el colegio cuando se trasladara su edificio de Buenos Aires hacia la localidad de San Isidro, coincidiendo además ello con mi mudanza hacia otra zona de la ciudad. Fue mi adiós al Newman mientras escuchaba la sentencia de mi hermano mayor, y ex Newman también como antes citaba, afirmando que «el Newman de San Isidro ya no es ni será el verdadero Newman». Para mi hermano el Newman de verdad fue el de la Avenida Belgrano; el primero, el original, el irreemplazable, al que asistieron los mejores, los de su época y generación en la primaria y secundaria de los años 50s y 60s. Allí se forjó el genuino espíritu Newman y el apodo de «Newman Boys».
La clase de mi hermano Marcelo en 1953, cuando el Newman tenía pocos alumnos y aún no subdividían las aulas en A y B. Allí se ve, entre otros, a Edmundo Paz (descendiente del General Paz, héroe de la independencia argentina), a Tassara (muy buen jugador de polo), a Campolongo (abogado, psicólogo y actual dirigente político), al golfista Piqué, a Pierry (casado con una hija del ex presidente Alfonsín), al psiquiatra Trigub Glover, a Douglas Lalor, Frías Shaw, al «negro» Platter, al hijo del cirujano Otermín Aguirre, y por supuesto a mi hermano. Todos ellos actualmente con 65 años de edad.
Escribí en mi blog hace tiempo anécdotas sobre el Newman, así que no quisiera repetirme dado que permanece publicado aquello en los archivos de este link:
Quizás como reflexión final, recordar que lo que para la mayoría era un colegio elitista de «niños bien», para muchos de nosotros fue una especie de estigma que nos desclasó. A mí personalmente me llevó a sentirme muy descolocado en la sociedad actual, ya que no me encuentro muy cómodo rodeado de burgueses o de personas pertenecientes a otras clases sociales. Quiero decir que no me suele interesar ni lo que hablan u opinan la mayoría de ellos, ni tampoco sus respectivas causas y luchas, en caso de que las hubieran realmente.
14 años más tarde, mi clase en el Newman. Soy el cuarto de izq. a der. en la fila central. Algún día hablaré más detalladamente sobre mis ex y entrañables compañeros en aquella gloriosa década de los años 60s.
Entrar en los ambientes musicales, artísticos o alternativos, me condujo a que la gente me viera como un representante camuflado de cierta categoría social «estirada». O bien creer algunos que había caído en la insensatez de un rumbo freaky no apto por mi educación para combatir en el ruedo de una plebe ansiosa por llegar a las alturas que dominan quienes estructuralmente fueron educados y preparados para, consciente o inconscientemente, destruir todo atisbo de clase media o más alta de la media.
Por eso percibo que las aspiraciones de alguien que pasó por el Newman (y salvo contadísimas excepciones) parecen otras. Uno no sueña con tener lo que ya tuvo. Aquel suele ser el sueño de quien precisamente no lo vivió.
Mi 11º cumpleaños en 1966, celebrado en casa con toda mi clase del Newman. Más de 30 salvajes destrozándolo todo, hecho que dejó reflejado mi tío Charlie en varias fotos y en un video que filmó para la ocasión. Yo soy el único en actitud cariñosa, rodeando con mis brazos a mi compañero Enrique Bruchou. Hasta el presente y que se sepa, sólo falleció uno de mis compañeros de clase (Carlos Grau), quien era vecino mío y uno de mis mejores amigos, y que en la foto sale sacando la lengua.
Y uno entonces llega a la conclusión de que sólo desea que lo dejen tranquilo, en paz con sus ideas, con su visión del mundo, lejos de quimeras o ambiciones que alteran los centros de gravedad permanente, que diría Battiato.
Tal vez habiten en mí unas normas de educación y de ver la vida un tanto diferentes…; llenas de matices que algunos considerarán innecesarios. Tal vez mi clase de ambición y la de mis ex compañeros, sea distinta. Tal vez me sienta un poco al margen de lo que vivimos en este mundo de velociraptors varios de toda clase y condición. Tal vez me educaron y formaron para habitar en otra galaxia.
Y tal vez sea un «Newman Boy» por el resto de mi vida.
Adjunto un video en el que salgo en 1964 en el Campo de Deportes del Newman y en el que también se ve a mi hermano (camisa a cuadros), a mis tíos y a mi madre.
¡Hasta el próximo mes más o menos mis… cálculos!