En medio de noticias lapidarias sobre la condena a una mujer iraní a morir apedreada, reflexiono acerca de las enormes diferencias y destinos para mujeres nacidas en diferentes lugares del planeta, donde algunas se depilan, otras dilapidan y las terceras en mención mueren lapidadas bajo las leyes de lo abominable.

Y si hoy día ya no es patrimonio de lo femenino las dos primeras opciones citadas, parecería que respecto a la última de ellas fuesen las mujeres las destinatarias de un castigo más propio de lo inexplicable en esta especie que aún tiene el descaro de presumir de raciocinio.

Mientras dilapidamos lo que la Tierra nos ofrece, mientras nos depilamos con disimulo errores propios y ajenos, en estos momentos alguien puede correr el riesgo de morir lapidada.

No veo oportuno continuar escribiendo en este blog sobre un tema ya analizado y discutido previamente. Sólo me resta decir o pedir ¡basta!, ¡basta, por favor!