(con ti nu ando el 14 ¡no! ¡che!)

Cuenta mi amigo Vicente Cassanya, astrólogo y director de una revista dedicada al mundo del Zodíaco, que el número 13 tiene reputación de traición por aquello de la Última Cena de Jesús y de cómo Judas personificó para la posteridad la debilidad del traidor que se deja arrastrar por quienes sí querían hacerle daño al galileo.
Y en este pasado día 13, estudiando un poco las influencias astrales tras la entrada al mediodía de Marte en Cáncer, que mal configurado, según los astrólogos y personas que conocen el tema, produce enredos, engaños, traiciones o que la felicidad y «di – versión» de unos o de unas («diversion» en inglés significa «desvío») sean el sufrimiento y la angustia para el o los perjudicados y traicionados, pensé en la mala suerte que tuvo mi mecánico del pueblo en el que antes vivía así como también en esas personas que se presentan como amigas pero que en realidad son traidoras y mentirosas de una caradura difícil de superar.
Después de consultarle a mi amigo Cassanya y a otros especialistas sobre el particular, éste me cuenta que el 13 ofrece también un aspecto regenerativo dado que luego de la traición el Universo nos permite generalmente (a través de hechos o de personas sinceras) esclarecer la verdad y, aunque queden a veces «cadáveres en el camino», la vida nos ofrece una nueva oportunidad (no a todos, lamentablemente) si comprendemos que amor es respeto, educación de cierto nivel no es debilidad, y que los fuegos de artificio y los festejos basados en algo que haga daño a otro (insisto) nunca terminarán bien.
Poco o nada ha cambiado desde el año 33 hasta el presente 2013. Quizás se cene en lugares que nada de esto restauran (sino todo lo contrario) aunque se denominen «restaurantes», se contemplen otros fuegos vertidos por los «ay-untamientos», y las playas mediterráneas de antiguas vigilias teatrales pitagóricas sean ahora carpas o lugares para que bailen al pedo monos monotemáticos aturdidos bajo lo que precisamente ellos consideran en su paupérrima visión de lo que es la felicidad, «ocio».
«Quizás, quizás, quizás» decía la letra del bolero, pero la letra del «bolazo» hoy sí que no la cuento y la reservo para mis memorias, cuando lo que ahora es en principio grave mañana sea una simple pendejada anecdótica sin importancia en mi calendario de vida más trascendente que el de tanta mediocridad e hipocresía alrededor.

Y ahora sigo componiendo música, que es lo que ningún Judas supo ni sabrá hacer nunca.

Merci (a quienes me leen, a quienes me entienden, a quienes me respetan, a quienes me recordaron que ni de tu sombra puedes fiarte, a quienes saben recti – ficar y a quienes me hicieron ver…).