Un día después de que la jueza retira mi orden de detención, ¡se me detiene!

Todos muy amables conmigo.

Me reconfortó muchas cosas que me comentaron pero claro, ¡seguía detenido!

Hipódromo de Buenos Aires, fotografiado por mi hermano

Al día siguiente citan al mismo edificio (Comodoro Py) a la ex presidenta argentina, Crisitina Fernández Wilhem, para declarar sobre supuestos delitos económicos y yo la escucho y hasta veo su sombra desde mi celda mientras suelta un discurso enfatizando que no la van a «amedrentar».

Gobiernan ahora en Argentina ex compañeros del Cardenal Newman; desde el presidente Macri hasta algunos ministros y el propio gobernador o alcalde de Buenos Aires.

En Barcelona, El Periódico de Catalunya, publica «La hora de los Newman Boys», explicando lo que fue o es el colegio en el que me formé.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/mauricio-macri-del-cardenal-newman-poder-4701736

Desde mi celda oigo el discurso de Cristina Kirchner y hasta veo su sombra en medio de fans tocando el bombo y aplaudiendo su arenga.

Dos días más tarde salgo en libertad. «Mis» abogados, amigos de mi hermana y de mi cuñado, me ayudan y alientan para recuperar tanto la libertad como mi auto-estima.

Voy a comer con mis hermanos a distintos lugares; al Jockey Club, al Hipódromo de Palermo, a las mejores pizzerías, etc. Extraordinaria ciudad Buenos Aires.

En el Jockey Club de Buenos Aires, club del que mi bisabuelo era miembro de la Comisión Directiva, y mi abuelo y otros familiares, socios vitalicios, siendo actualmente mi hermano y uno de mis sobrinos también socios. Foto: Inés Cazenave.

Mis hijos me llamaron desde los móviles que les dejé (así como una tablet y un laptop que jamás pudieron volver a usar). En sus últimas llamadas me decían que no podían encontrar el teléfono fijo de la casa, que estaban horas solos sin poder salir del apartamento y sin teléfono, sin internet…; sin nada.

En la red, mientras tanto, algunas personas escriben en el FB de ese falso Aviso de Búsqueda ya inexistente sobre mí y en el perfil de mi ex, celebrando el regreso de mis hijos como si ellos hubiesen estado secuestrados por su padre. Esas personas luego comprobé (como era previsible) se desentienden de mis hijos ya que nunca fueron algo de o para ellos.

El 99% por ciento de esas personas no sabe lo que en realidad sucedió con este viaje y cometen el error del desinformado o poco cualificado: ante un pleito, entrometerse sin saber y sólo escuchando una campanada.

Mi padre, que fue abogado y juez, siempre decía: «jamás me pronuncio por nada sin haber escuchado a ambas partes».

Claro que él fue un letrado de los buenos; algo que hoy aún existe pero con muchas dificultades para poder ejercer bien. Las prisas y lo de cumplir el expediente o seguir su protocolo no siempre da márgenes para contemplar con calma los hechos. En fin…

Amigos míos como Carlos Batanero o José Luis Fernández (de la tienda de discos Music World, de Barcelona) me insisten en que no hay nada peor que un juicio de separación y una abogada pleitista o ventajera volviendo algo así como a un demonio a la mujer que denuncia.

Por eso mi padre y mi amigo José Manuel Medina siempre decían «más vale un mal acuerdo que un buen juicio» y yo no acepté el no tan mal acuerdo que me propuso mi ex compañera, porque nunca pensé que no aceptarlo llevaría a semejante desproporción.

Lamento, pues, tener que escribir estas cosas.

Y recuerdo ahora al pianista «Mono» Villegas cuando decía que no hay que traicionar a la música porque la música es lo único que no nos traiciona jamás.

Villegas, a quien fui a ver a un concierto con mi padre, cuando yo tenía 15 años, vivió en New York en el mismo edificio en el que mi tía tenía su estudio de pintura.

Y yo, que estoy retomando el hilo de la música para mi nuevo álbum, pienso mucho en el campo y en la amplitud de lo natural, en la extensión de las formas que se expanden en la Tierra entre mares, océanos y parajes que siempre maravillan por su belleza y su sensación de que la libertad halla en ellas su mejor plataforma para expandirse.

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Tocando un poco en Talca

Y la música tiene mucho por decir…

¡Y la música sigue viva!