Recorriendo en coche este mes unos mil kilómetros de la maravillosa Europa del sur, plena en contrastes y rincones en los que siempre resuena aquel sentimiento y aquella intención de hallar un pequeño hueco en el cual poder quedarse una buena temporada escribiendo, haciendo música y, sobre todo, buscando esa paz que los exitosos de la ciudad ni tienen ni generan, recordé que los cambios acaecidos en mis periodos más recientes eran, a lo mejor, fruto de una combinación azarosa de difícil análisis.

En este caso, tuve una etapa de mi vida en la que el teléfono sonaba seguido. Era lo que se dice alguien «solicitado». «Sol y citado». Me cansé de aquello y en otra etapa posterior (también de mi vida, obviamente) pensé en que debería pasar a un nuevo estamento existencial que podría denominar «lunarizado» (o «lunar izado»).

¿Qué significaba esto último? Que ya me había graduado en mi faceta solar y masculina y que ello significó éxito profesional, viajes, dinero, buenas casas, coches, honores, distinciones y elogios variados así como celos y envidias por parte de aquellos que sufren cuando creen que al otro «le va bien».  

Pero yo nunca me consideré una persona de éxito aunque sí el hecho de haber logrado un cierto reconocimiento y una cierta posición bastante cómoda debido a la aceptación de mi labor como músico y demás por parte de cierta parte de la población de ciertos países. Todo muy cierto.

Sin embargo (odio los embargos) todo parecía indicar que, coincidiendo con el cambio de siglo y de milenio, mi proyecto de nueva graduación sería lunar. Con mi amigo Albert decía en broma que «estudiábamos para mujer». «¿Para mujer?», nos preguntó una vez precisamente una mujer. Y nosotros le respondimos que sí, que, en mi caso, estaba aprendiendo casi cantidad de cosas de la casa (casi cosa casa); desde cambiar pañales hasta poner lavadoras o cocinar.

Y la siguiente pregunta sería ¿quién dijo que esas son tareas exclusivas de la mujer? Pero para no entrar en discusiones tan manidas como sabidas, supongo que se entiende lo que quiero ahora explicar.

Empero ya han pasado 13 años desde el 2000 y me percato que, tras la muerte de mis padres en 2001 y 2005 respectivamente, y siendo yo ahora progenitor de 3 criaturas y de 80 álbumes de música aprox., 7 libros y más de 40 videos, dvds o películas producidas, no creo haberme graduado ni de hombre ni de mujer pero sí probablemente, y tras más de medio siglo en la faz de la Tierra, de eso que algunos llaman o llamamos «ser humano».

Todas estas cantidades indican números y un accionar determinado. «Por sus obras los conoceréis» dijo alguien hace unos siglos, aunque «mi obra» es tan «vario – pinta» que ni yo me reconozco al escuchar la música instrumental o las canciones que escribía hace 30 o 40 años. Ni siquiera me reconozco en lo que hacía hace dos décadas. Era otro Guillermo. Otra persona.

Mas en este devenir de cambios y de reencarnaciones en vida (sin necesidad de morir) que el destino nos tiene reservado durante equis o zeta tiempo, dejé de pensar en mis graduaciones sexistas, llegando a la conclusión de que el hombre y la mujer, tal como ahora los conocemos, seguramente desaparecerán, y, en un futuro tal vez no muy lejano, ya nadie hable de sexos sino de personas o de entes vivientes; bichos hermosos que existen y habitan en esta gran magia universal de la Creación. 

 Que así sea, por favor, con permiso, gracias y de Mi Mayor consideración.