Así se titulaba un disco del grupo pop «Supertramp», a quienes vi en París en 1977 presentando dicho álbum, tras lo cual inicié un viaje de dos meses recorriendo parte de Europa hasta llegar a Bulgaria.

Habiendo nacido en un país que vivía en permanente crisis, cuando alguien mencionaba esta palabra no solía tomármela demasiado en serio. Vivir, existir, es para mí un estado constante de crisis.

En la Argentina empezábamos algunos años con un gobierno y acabábamos ese mismo año con un par de presidentes más. La inflación era, a veces, de muchos ceros por ciento, llegando en épocas a cambiarse los precios de los supermercados por día.

De todas aquellas crisis, la más célebre fue la de «El Corralito», cuando se retuvieron depósitos bancarios de miles de personas ya que no había efectivo para abonarlos en ventanilla; algo que sucedería igualmente hoy en cualquier ciudad o país del mundo, ya que gran parte del dinero no existe y se trata mayormente de cifras virtuales que, en realidad, pululan en el limbo de las denominadas «inversiones».

Y como «invertir» significa «darle la vuelta a algo», es casi obvio que para que uno suba es necesario que baje otro. Así que, entre inversores y amigos de la Bolsa, profesionales o aficionados del y al dinero, especuladores e inocentes, vividores y trabajadores, políticos y ciudadanos, etc., se ha ido generando una estupenda ensalada de compra-ventas, ganancias y pérdidas, logros tras esfuerzos o robos descarados, etc., cuyas oscilaciones, al igual que ocurre con la propia naturaleza y con los estados de ánimo de todo bicho viviente, derivan en euforias y depresiones o, en términos económicos, éxitos financieros o crisis y recesiones.

Pero yendo un poco «más allá» de las cifras y de lo que los medios de comunicación afirman y alimentan según designios de quienes los manejan, vivir es crisis, movimiento es crisis, palpitar es crisis.

Para quienes la crisis es sólo un tema económico, podríamos recordar que una cosa es la economía y otra lo financiero. Existen países ricos pero financieramente pobres o endeudados. A su vez, países pobres y con escasos recursos (como Suiza o Japón) pueden ser considerados ricos, pero sólo financieramente hablando.

Por ejemplo, el país en que nací, la República Argentina, es muy rico en términos económicos, pero no siempre lo ha sido en términos financieros.

Y, volviendo a la situación actual, para muchos responsables de esta crisis, la excusa es ideal para reducir gastos, puestos de trabajo y, en definitiva, declararse en problemas. Digamos que sería el ejemplo de una familia que ha vivido de fiesta en fiesta dos meses sin parar, olvidando que luego hay que abonar las cuentas de electricidad, personal de la casa, compras en el supermercado, etc.; hecho que recuerdan precisamente al acercarse el momento de tener que hacer frente a dichos pagos. La respuesta es entonces «estoy en quiebra», «no tengo efectivo», «me gasté lo que tenía», etc.

Por supuesto que los perjudicados suelen ser siempre los mismos, que son quienes, en realidad, han pagado y financiado los días de fiesta.
De esta manera, las restricciones no son precisamente iguales para quien esperaba cobrar su salario o conservar su trabajo, que para el dueño de la mansión donde se celebraron aquellas inacabables fiestas de despilfarro.

Y quienes deberían supervisar un poco el tema; llámense «los dueños de casa», los políticos, los directivos de cualquier empresa mediana o grande, eluden responsabilidades y, como en el caso de los Bancos, son rescatados por los mismos políticos que acuden a sus líneas de crédito para auto-financiarse.

Resumiendo: si el comunismo cayó en 1989 y el capitalismo entró en crisis en el 2008 (menos de dos décadas de la caída del primero), ¿hacia dónde vamos ahora?

¿Seguiremos votando a los mismos partidos políticos en cada país? ¿continuaremos alimentando todos estos sistemas obsoletos y corruptos, agotados ya en su propia razón de ser? ¿Nos lamentaremos de las crisis echándonos la culpa entre unos y otros?

¿O, tal vez, intentaremos hallar alternativas que trasciendan lo que se denomina «sistema» o «anti-sistema»?

¿Tendremos valor y creatividad para salir de esto sin caer nuevamente en más guerras y destrucción?

¿Hemos, acaso, evolucionado en algo o repetimos interminablemente, y pase lo que pase, los mismos errores?