Más de 1500 ex alumnos invitados a la cena anual en el Colegio Cardenal Newman, en el que cursé toda la primaria y parte de la secundaria. Institución forjada bajo ciertos valores tradicionales que «actual – mente», algunos de ellos podrían ser considerados descartables u obsoletos, mientras que otros algunos de ellos también podrían reclamarse hoy a gritos para que retornaran a los cimientos de nuestra sociedad, al concepto de la amistad, de la familia, de la lealtad, etc.

Me reencontré con algunos ex compañeros que no veía desde el pasado siglo y a mi hermano mayor le entregaron un diploma y placa conmemorativa de su camada de egresados exactamente hace 50 años (1964), entre quienes estaba el cantante Donald, que esta noche se atrevió a tararear sus éxitos de los 60s como «Tiritando» y, sobre todo, para una gala como esta, «Compañeros».

El Newman es algo muy especial. Una galaxia aparte. Celulares únicamente para intercambiar información, nada de hablar o de usarlos de manera ordinaria, poco o nada de diálogos sobre dinero, trabajo o problemas generales. A años luz de la mayoría de las mesas y ágapes de unos tiempos y ritmos globales que afianzan cada vez más la nostalgia de aquellos primeros Newman Boys que insisten en permanecer elegantes y educados en un mundo que ya no lo es.

Con algunos de mis ex compañeros después de la cena

En el Newman sigue prevaleciendo lo clásico por encima de lo descartable. Que así sea y que así siga.