Fui a un colegio irlandés situado frente al Departamento Central de la Policía de Buenos Aires y a tres calles de la casa en que nací: el Cardenal Newman College.
Mi clase en el Newman (1967). Por ahí estoy en la fila central, el cuarto de izq. a der., entre mis 2 mejores amigos de la primaria: el rubio Grau Dieckmann (fallecido este año) y el no rubio Coll Benegas

Ya mi hermano había cursado toda la primaria allí, para luego continuar sus estudios en el La Salle y San Martín de Tours de Buenos Aires. Pero mi madre insistía en que yo debía tener educación anglosajona, frente a la oposición de mi padre, que apostaba por algo más francés y laico.
Las discusiones entre mis progenitores aún resuenan en mis oídos: «estos curas irlandeses tienen ideas obsoletas. Nada mejor para Guillermo que una enseñanza francesa. El Newman es un colegio muy caro y demasiado elitista», decir mi padre, que hizo toda su primaria y secundario en el La Salle.

«Aprender inglés es lo mejor. Una formación católica es indispensable. Los franceses tienen una educación aburrida. Al Newman van las mejores familias de la Argentina. Además a Guillermo le gustan la música y los Beatles», respondía mi madre, ya por entonces separada de su primer y único esposo.

Todo esto me resultaba absurdo. A mí me aburría hablar inglés y más aún aprender francés. Sólo quería hacer música, escribir en mi diario del colegio (el «Cazediario»), ir a recitales de rock, jugar al golf y seguir al River Plate, club del que hice socio (el número 95000) en el año 1968.

En el Newman los ‘brothers’ («hermanos») nos hablaban en inglés e insistían con el rugby como deporte principal en desmedro del fútbol. El brother Wall («hermano muro» en castellano) era mi profesor de matemáticas y no hablaba ni papa de castellano. Años antes había fundado el colegio Stella Maris de Uruguay, de la misma Congregación del Newman y que se hizo famoso en 1972 por aquel accidente terrible en los Andes, tras el cual y para sobrevivir, los rugbiers tuvieron que practicar la antropofagia.
El Brother Wall
Otros brothers, como el Condon o Liston y el director O’Brien con su hermano ‘Manolo’, también cura, eran una constante en mis días y años en el Newman, donde pasé toda mi infancia y parte de mi adolescencia, aunque acabara mi bachillerato en otro colegio, el Juan XXIII; más cercano a mi nueva casa, cuando el Newman cambió su edificio del centro de Buenos Aires por otras instalaciones en la localidad de San Isidro.
Dos cosas llegué casi a odiar durante mis años en el Newman: el rugby y el idioma inglés. Cuando cumplí 15 años juré no volver a hablar más inglés en mi vida. Tres años más tarde estaba viviendo en New York y muy contento de haber aprendido aquel idioma durante mi niñez.

Algunas contradicciones del Newman eran, por ejemplo, leer en la revista oficial anual del colegio, que en tal año o siglo «un patriota irlandés había muerto tras una larga huelga de hambre como protesta al imperialismo de los ingleses», y mi mente, la de un niño de 8 o 9 años que leía aquello, no comprendía que unos curas que despotricaban en contra de Inglaterra pusiesen tanto empeño en aprender inglés.

Por suerte, y para mi propia apertura mental y conceptual, tardé muy poco en reconciliarme con el rugby y el inglés, y ahora que John Henry Newman, aquel cura anglicano nacido a comienzos del siglo XIX y que posteriormente se convirtiera al catolicismo, será próximamente beatificado en Birmingham por el actual Papa para así convertirse en el primer Santo inglés tras 4 siglos, vienen a mi memoria recuerdos imborrables de este «Newman Boy» que se considera, desde que tiene uso de razón (es decir, desde que cumplió 50 años de edad y alcanzara la madurez casi definitiva), un «cat-eólico», más cátaro que católico y más eólico que petrolero, sin olvidar todo lo positivo que aprendió en el Newman y, por supuesto, desechando todo lo negativo de lo que correspondía a una enseñanza religiosa de los años 60s y primeros 70s.
¿Cambiará en algo que beatifiquen al Cardenal Newman, en quienes estudiamos bajo su nombre y preceptos, en tiempos en los que era un ferviente seguidor del «beat»? ¿Seremos mejores personas, los «Newman Boys», a partir del día 19 de septiembre del año 2010? (precisamente 24 horas después de mi 55 cumpleaños).

Me temo lo peor… Son ya muchos años como para redimirnos de tantos pecados.