ANIVERSARIO DE BACHILLERATO CON JOHN CARLIN OPINANDO DESDE BARCELONA

Aproximadamente, entre 1200 y 1400 ex alumnos asistieron a la cena de este año, en la que conmemorábamos los 50 años de acabar el bachillerato en el colegio de toda mi infancia y parte de mi adolescencia.

Muchos que vinieron a celebrarlo apenas cursaron allí dos años durante la primaria, así que no entendí muy bien si realmente tenían recuerdos o vivencias del colegio y de sus compañeros que justificara su presencia. Quizás alguno de ellos continuó cierta clase de amistad con ex compañeros o tal vez sus hermanos, si los tuviere, seguían vinculados a la institución. En cualquier caso, una alegría reencontrarme con todos.
Entre varios ex-mates, tuve algunas palabras al saludar a uno de ellos, al que no reconocía ni de casualidad y a quien luego de preguntarle cómo se llamaba, respondió con voz baja John Carlin. Estábamos en la capilla del colegio a punto de comenzar una misa con posterior entrega de medallas, incluso aunque la mitad de los presentes no acabaran precisamente sus estudios secundarios en aquellas aulas.
Pero bueno, este mundo y la vida en general están llenos de excepciones.

Mas volviendo al escueto diálogo con mi ex compi, le pregunté ¡ah! ¿tienes nombre inglés?, siendo su respuesta breve y el lugar poco apropiado para iniciar una conversación, por lo que decidí sentarme y dar por terminada aquella fugaz presentación.
Poco después, uno de los asistentes al cocktail post-medallero, me comentó que Carlin era escritor o historiador en España, como si ello fuese algo excesivamente relevante, dado que para mí, aclaro, sinceramente y sin ofender a nadie, no lo es, tras tantos años publicando mis propios libros en España u ofreciendo allí y en otros países conferencias sobre distintos temas y en diferentes idiomas; algo que considero habitual, normal y, en ocasiones, hasta rutinario.

Que me enfaticen con desmesurada admiración que tal persona es «un escritor», «un conferenciante», «un músico» o «un médico», significa actualmente, y a estas alturas de la vida, poco para mí.
Se trata tan sólo de profesiones o actividades, y siempre pensé que cuando alguien antepone su profesión a su propia persona, suele ser un individuo tal vez con la auto-estima un poquitín baja o con una visión un tanto superficial sobre los verdaderos valores y logros que intentaron concretamente enseñarnos en el colegio que volvía aquella noche a reunirnos.
Pienso que somos mucho más que una profesión o que alguna cifra. No vale absolutamente nada, en mi opinión, que alguien sea famoso o haya vendido un millón de libros o discos por encima de un Van Gogh que no vendió nada en vida o que un Mozart, que terminó sus días en una fosa común.

Y quisiera por un instante ahora subrayar con discreción, y sin citar nombres, que tengo amigos célebres. Músicos que vendieron millones en todo el mundo. Escritores consagrados. ¿Y…? ¿Son acaso ellos superiores a un amigo con el que me reencontré ayer, que vive en la periferia de Buenos Aires y que nunca logró tener dinero ni éxito profesional, y en la actualidad con una jubilación que le permite subsistir solamente hasta el día 15 o 20 de cada mes?
Algunos de mis amigos famosos, en cambio, conectados a las redes con perfiles truchos y escasísimas personas de confianza cerca o en actitudes antagónicas a los millones de humanos anónimos o trepas de la sociedad que tratan de coleccionar contactos y likes como si fuesen caramelos.

Por eso, irrevocablemente, cuando establecí diálogo con alguno de mis ex compañeros del colegio, mi intención era saber cómo estaban, cómo les había ido en la vida. ¿Eran felices? ¿Estaban sanos?
Si uno de ellos me hubiese hablado de sus logros profesionales (y por suerte esto no sucedió), el diálogo hubiera perdido intensidad emocional para mí, aunque les deseara siempre todo lo mejor en el área laboral o económica.

Pero al cabo de 2 o 3 días, otro amigo me envía un artículo de Carlin en un periódico español, y en el que éste cita su reciente viaje a Buenos Aires asistiendo a la reunión del cole, pero inmediatamente empalmando su escrito con temas políticos harto manidos y expuestos a lo largo de estos últimos años, posiblemente más interesantes para el lector español medio que al argentino.
Era la primera vez que leía algo de John.
En realidad, somos pocos ex alumnos del colegio en actividades profesionalmente literarias o musicales, y yo uno de ellos. En Madrid también tenemos a Carlos Rodríguez Brown, periodista y tertuliano en una conocida radio de la capital de España.

Si hay dos cosas que detesto, una es la de que se considere a alguien más importante porque algo de lo que realiza tenga repercusión pública. Y la otra es que se evalúen como superiores apellidos de culturas dominantes, y que alguien que se llame, por ejemplo, como mi amigo Lloyd, sea más valorado a un amigo que se llame Pérez.
Pero da la sensación de que nadie desea llamarse Pérez cuando Lloyd en Inglaterra ¡es como llamarse Pérez!

Y si hubo algo que me inculcaron en aquel colegio, fue que en la vida debemos intentar cultivar un perfil bajo y que el éxito es algo, a veces, hasta obsceno. Mi padre me decía, cuando tendría yo 12 o 13 años, tener éxito es para gente ordinaria, para mentalidades berretas.
Por eso cuando un ex alumno, Donald McCluskey, tuvo éxito en 1969 como cantante (la canción se llamaba Tiritando), para la mayoría de nosotros, educados de aquella manera, ese hecho aislado era casi una broma de mal gusto. El éxito, intuía yo, podría ser una compensación para quienes no nacieron en cuna de plata, para quienes ansiaban lo que nunca tuvieron al arribar a este mundo: una buena casa y un buen patrimonio.
Y volviendo a mi colegio, ¡peor fue para muchos (y esto me consta) que otro ex alumno llegara a ser presidente del club de fútbol Boca Juniors, luego alcalde de Buenos Aires y, finalmente, presidente de Argentina! Demasiado éxito para quienes juramos perfil bajo.

Yo no pretendo en estas líneas imponerle a nadie el criterio de accionar en la vida que me enseñaron durante mi infancia, aunque después percibiera sutilmente que hubieron algunos flecos de actitudes intentando capitalizar al desorientado (y sin reconocer prácticamente a nadie) Carlin, cuando en realidad casi ninguno se acordaba de él ni él seguramente de nosotros ni del colegio.
Como dicen los españoles: hay cosas que no pegan ni con pegote.

Transcurrieron, pues, dos días más y, hablando con otro ex compañero para saber su opinión, le pregunté ¡che! ¿vos me considerás un tipo profesionalmente exitoso?
Su respuesta inmediata: ¡claro! vendiste música en muchos países, sos escritor y muy buen conferencista. Tu música llegó a Hollywood y a una nave de la NASA. Tenés cantidad de discos que vi en tu website, tocaste con grosos. Tu carrera es impresionante, respondió taxativamente.

Entonces me quedé pensando en que nunca me sentiría feliz si alguien me considerara mejor en algo por todo eso.
Y esto es lo que sigo deseando, si no dentro de una sociedad de cantidades por encima de calidades, sí al menos en y con quienes compartí gran parte de mi formación escolar, sin que por ello denoste ahora que tal o cual persona tenga o haya tenido éxito en cualquier clase de actividad humana, si de verdad se lo quisiese, invitara y recibiera cordialmente por lo que es como ser humano y no por lo mediático de su profesión. Si así fuese, mejor no pensar en lo que sucedería si alguno de los ex alumnos fuera Paul McCartney, Jorge Luis Borges o San Martín. Help!

Así que le deseo a todo el mundo éxito, pero no en el sentido que se le suele dar a dicha palabra.
Pero mucho más le deseo a quienes aprecio y quiero, Salud, Prosperidad, Amor y Paz en sus vidas dentro de un planeta ruidoso, ambicioso y mediocre con el que cada vez me identifico menos, sin olvidar a quienes desde mi camada de ex alumnos supieron coordinar y organizar un memorable encuentro en el que todos fuimos iguales como personas y por encima de pasajeros y paj…..ros logros tan mundanos como perecederos.

Adjunto link sobre lo que escribió Carlin, a quien también le deseo lo mejor (como ser humano y no por haber coincidido con él en la primaria durante dos años o porque profesionalmente sea alguien relativamente mediático):
https://www.lavanguardia.com/opinion/20231112/9370754/argentina-lejos-mundanal-quilombo.html

Otro link sobre el mismo artículo por si hubiera problemas de «suscripción» para acceder al anterior:
https://www.kiosco.clarin.com/article/281900187931380

Guillermo Cazenave

Guillermo Cazenave

Compositor, Productor, Escritor & Conferenciante

Facebook
Twitter
WhatsApp