… y no precisamente en las ruinas de Pompeya sino en una pensión de Buenos Aires en la que, de no pagar pronto, esta semana podrían echarlo a la calle.
Mi pregunta es, ¿cómo puede ser que alguien como Jorge Álvarez, a sus 80 años de edad, se encuentre en semejante situación?
Aquel editor de Mafalda y de otros grandes de la nueva literatura argentina de los años 60s, que creara el sello discográfico Mandioca (apodado «la madre de los chicos») junto al también editor Pipo Lernoud y al ecologista Pedro Pujó + otros dos colegas de apellidos López Sánchez y Arroyuelo, y que lanzara en 1968 la «movida porteña del rock nacional», con legendarias bandas y solistas como Miguel Abuelo, Moris, Manal, Almendra, Vox Dei, y que, 8 años más tarde, emigrado a España y directamente armara y lanzara su segunda «movida», la de Madrid, produciendo a Mecano, creando a Olé-Olé, llevándose además a su amigo ilustrador Juan Oreste Gatti (aquel de las portadas o tapas de discos del rock argentino, de Sui Generis, la extraordinaria para el ‘Artaud’ de Spinetta)  que diseñara después las primeras del pop español ochentero (desde Mecano a Alaska, etc.) y hasta los decorados de varias películas de Almodóvar, de Trueba, Alex de la Iglesia…, ¿ahora en la ruina?
Y si tengo que ser sincero al cien por cien (cosa difícil, ¡eh!) debo reconocer que Álvarez nunca me cayó bien. Las dos veces que hablé con él en Miami me resultó un personaje soberbio en sus respuestas, sin olvidar aquella foto suya (siempre mirando de reojo, como sospechando algo en los demás) en el estadio de River, cuando en 1969 Boca dio la «vuelta olímpica» coronándose campeón, y Álvarez allí camuflado cual boquense bostero que era, se hizo una foto en medio de la platea de River que frecuentaba yo con mi padre.
14 de diciembre de 1969. Segundo gol de Madurga en el Monumental de River y Alvarez sonriendo en territorio enemigo, a pocos metros de donde me hallaba yo sentado junto a mi padre, en un partido que no olvidaré.
Pero dejando de lado esta última e insulsa anécdota de la futbolera afrenta, aunque sin olvidar que nunca se llevó bien con los músicos de River (Spinetta, Charly García, Soda) e hiciera caso omiso a sus peticiones de ayuda para entrar en el mercado español, ¿qué es lo que ha pasado con Jorge Álvarez para que llegara actualmente a esta situación límite?
¿Dónde quedó todo el dinero que ganó con los grandes del rock español y argentino?
El osado manager que fue a ver a los padres de los hermanos Cano en 1980 para pedirles que les compraran instrumentos a sus hijos y los inscribieran para estudiar música ya que del resto se encargaría él (hasta del nombre del grupo Me-cano) o que lanzara a Olé-Olé y a muchos otros artistas que vendieron millones, ¿lo ha perdido todo?
Y ese productor al que el director de la CBS le dijera en Madrid «quiero que me encuentres y hagas unos Sui Generis españoles como los argentinos», ¿hoy arruinado?
Ayer recordaba que en Miami, su apartamento-despacho que compartía con Juan Tarodo (ex Olé-Olé) hasta hace muy poco, se hallaba en una de las mejores zonas de la ciudad, a la que iba y venía desde Madrid, al igual que el ex EMI Rafa Gil y tantos otros ejecutivos de multinacionales de la industria musical y artistas consagrados en la latinada de turno.
¿Será acaso su caída la caída de quienes vivieron de la música y no para la música?
¿Será acaso que este apocalipsis predicho por Mayas y agoreros de tragedias, esté cumpliéndose bajo el pleno significado de la palabra? («desvelar o quitarle el velo a Isis» = «destapar la tortilla»; que es lo que ahora estamos viviendo en muchos órdenes y niveles de nuestra sociedad).
¿Cómo terminarán estos defensores y cultores del arte y de las buenas letras ahora que música en soporte no puede venderse? (porque las buenas y no tan buenas letras agonizan pero aún palpitan).
Me lo pregunto también a mí mismo, tras una década sin casi vender música…
Adjunto link de una nueva película que acaba de rodarse sobre Jorge Alvarez, en cuyo trailer veréis a sus ex compañeros y a algunos músicos que en más de un reportaje lo tratan como a Andrew Oldham, Brian Epstein y George Martin fusionados en una sola persona; en un manager, buscador de talentos y hasta productor musical que se situaba frente a la mesa de mezclas con un desparpajo absoluto. Y editor de parte de nuestra literatura más emblemática y contestataria. En el trailer lo vemos ya octogenario pero con sus típicas frases, como cuando dice «¡qué empresarios!; ¡al rock nacional lo hice yo!». Supongo que dirá lo mismo de la ‘movida madrileña’, palabra que ya había utilizado en 1969 para la ‘movida porteña’ de entonces.
En cualquier caso, no es nada agradable contemplar un final así para una persona que independientemente de su altivez, demostró tener ideas y creatividad que beneficiaron en su momento a nuestras músicas, aunque Álvarez debería saber que nadie hace las cosas solo, que en la Tierra somos más de siete mil millones de monos y que hasta el Dios de este universo contó con la ayuda de ángeles, arcángeles, querubines, serafines y demás potestades, y que nadie es indispensable en este circo; tan sólo eslabones de una historia sinfín producida, dirigida e interpretada por TODOS.
Y seguidamente una entrevista reciente con foto suya de los años 60s al inaugurar el primer sello independiente del rock en español y uno de los primeros también del mundo: Mandioca. En la entrevista habla de escritores, de cómo armó Mecano, de su relación con los rockeros argentinos, con Perón, etc., etc.
Y por último, para quienes deseen indagar un poco más en la época, el blog de Mario Rabey, otra figura importante en el Mandioca de Alvarez y Pujó, incluye la película Tiro de Gracia (1967) con música de Manal grabada directamente en vivo y el baterista Javier Martínez actuando. Otro documento de aquellos tiempos de innovación y experimentación para las artes.
Si cayeron grandes imperios y Césares de distinto calibre y origen, sería absurdo pensar que un Jorge fuese más eterno que pilares o castillos que sostuvieron durante años y en algunos casos siglos, proyectos y culturas que marcaron épocas decisivas para la historia de la humanidad. Y Alvarez perdió una oportunidad: la de mojarse para aunar el rock argentino con el español. No supo jugarse ni llegar a la grandeza que tienen los anglosajones cuando saben unirse y generar movimientos artísticos imbatibles.
Por privarse España de mamar, conocer y desarrollar su pop ignorando a los artífices y maestros de Buenos Aires, todo un país perdió una oportunidad de oro y ello benefició a unos pocos que cerraron el mercado ibérico sin miras de ningún nivel. Y es por eso que ciertos países tienen sólo 15 años de desarrollo por siglo, cuando podrían hacerlo muchísimo mejor. Son paracaidistas de lo fugaz, de proyectos a muy corto plazo, y de hoy blanco y mañana negro. No sé si Álvarez entendió cuál era su misión en este puzzle pero, en cualquier caso y a pesar de los errores, hizo grandes cosas pero, por motivos incomprensibles, no completó su labor como él y los demás lo merecían. No quisió, no pudió o no supó.
Y por supuesto que, a pesar de diferencias o anécdotas desagradables, le deseo paz y estabilidad en su ya octogenaria vida.