TARAHUMARAS

Unos 30 años hacen que fui invitado a Chihuahua por la médico Patty Berlanga (1ª foto) para dar un seminario de biomúsica a médicos y profesionales de la salud.

Estaba yo de gira por México y acompañado por mi amigo y músico Ronald Lloyd, quien me dijo que había estado allí en la década de 1950 y que teníamos que ir a Barranca del Cobre, un lugar apartado y sagrado en donde habitan los Tarahumaras, una tribu que destaca por su fortaleza física y capacidad para correr durante muchos kilómetros sin cansarse.
Y fue allí donde descubrí y aprendí algo de la cultura tarahumara, quienes habitan en una zona 5 veces más grande que el Gran Cañón del Colorado y en uno de cuyos cañones (El Cañón de Urique) la temperatura llega a superar los 50º C.
Y algunas de las cosas que supe es que, por ejemplo, bañan en aguas frías del río a los recién nacidos, que tienen su mayoría de edad a los 14 años y que suelen casarse antes de los 16 años.
En Barranca del Cobre venden sus artesanías a los visitantes y últimamente también organizan talleres para correr (su especialidad).
Muchos occidentales o ‘blancos’ quieren vivir la típica experiencia de “un día con los tarahumaras” o decir que estuvieron corriendo con ellos, etc., etc.
Los tarahumaras se llaman en realidad Rarámuri, que significa “ágiles de pie”. Hace muchos años el gobierno de México propuso llevar a algunos de ellos a unos Juegos Olímpicos y sucedió que ganaban en las competiciones sin siquiera entrenarse. Desde entonces parece que los tarahumaras tienen prohibido participar en los Juegos Olímpicos, cosa que a ellos no les interesa dado que no son competitivos, aunque tienen un juego de pelota en el que corren a lo largo de dos días hasta a veces superar la distancia de 200 kilómetros desde el punto de partida.
Durante su participación en los Juegos Olímpicos de 1928 los tarahumaras se quejaban de que las carreras de los “blancos” eran muy cortas y de que ellos no podían en los estadios efectuar sus ofrendas a la naturaleza antes de lanzarse a correr. Tampoco podían llevar sus colgantes con un botón de peyote para así ahuyentar a los espíritus malignos.
Una de sus características es que son capaces de subir una montaña corriendo y que suelen ir descalzos incluso cuando “bajan” a la ciudad de Chihuahua.
Tienen unos preceptos religiosos y rituales basados en la danza. Para los tarahumaras danzar es su oración. Utilizan el peyote para ciertos ceremoniales y dicen que localizan la planta debido a que son capaces de oír su canto, ya que la planta del peyote canta y canta sin parar.
No es una cultura que se destaque por su alimentación sana y ello provoca que padezcan muchas enfermedades.
Las mujeres embarazadas trabajan hasta que están a punto de dar a luz. Cuando ello sucede se retiran y paren solas. Lavan bien al recién nacido, queman el cordón umbilical y luego lo entierran.
Son monógamos pero el primer año de una relación es siempre de prueba.
Ellos se consideran creados por el dios Onorúame y a los blancos (los “chabochis”) creados por un demonio y en este grupo consideran también a los mestizos y al resto de los mexicanos. Los chabochis, según afirman, especulan, engañan, acumulan, invaden tierras, destruyen los bosques, son ventajeros, no comparten y cultivan valores completamente opuestos a los de su tradición.
A los tarahumaras no les agrada ser fotografiados por estos insulsos artefactos occidentales que, en el colmo de su ignorancia, buscan también atrapar al tiempo.
Para mí estar en Chihuahua invitado por mi amiga Patty y en compañía de Ronald fue una experiencia maravillosa. Conocí un México diferente y lugares a los que, sin duda, deseo regresar, en lo posible, sin turistas cerca.
Guillermo Cazenave

Guillermo Cazenave

Compositor, Productor, Escritor & Conferenciante

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